El Blog del Boletín

27 enero, 2012

Trío MJC, a punto de actuar en el escenario Atahualpa Yupanqui en entrevista exclusiva

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Por Marina Cavalletti desde Cosquín

El trío conformado por Jorge Martínez, Pablo Jaurena y  Mauro Ciavattini, adelanta detalles del show  que, en pocas horas, llevarán al            escenario mayor. Ellos afirman que allí dejarán su muestra de sangre anual. Además hablan de las influencias y los desafíos de la música instrumental. Tres preguntas para tres instrumentistas que se las traen.                       

Esta noche actuarán en el escenario mayor, ¿cómo será el show?

Pablo Jaurena: El show de hoy va a tratar de ser un muestrario de lo que estamos viviendo ahora y lo que vivimos el año pasado. Cosquín, a ser un Festival anual y al manejar esa pauta todos los eneros, es como un muestrario, como  te sacaran sangre a ver qué tenés.

El chequeo anual…

Claro. Vamos a tratar de mostrar dos cosas. Por un lado, el disco que salió este año, un disco de folklore que es la primera parte de un proyecto que se completará con un disco de tango después. Es un disco en dos partes. Vamos a mostrar parte del repertorio de folklore y nos vamos a despedir con “LIbertango” que va a estar en el disco de tango, para dejar una sensación sobre el nuevo disco en el que estamos trabajando. Esa es la idea.

 

 Ustedes conforman un trío. Cada uno es un individuo con gustos e influencias distintas ¿Cómo se ponen de acuerdo al momento de arreglar las canciones?

Jorge Martínez: Podríamos decir que las influencias son más o menos similares entre nosotros, Todos venimos de escuchar música popular en nuestras casas desde chicos y a su vez, al habernos conocido en la universidad, los tres hemos llegado a congeniar cierta manera de trabajar, por el estudio académico que hay en la Universidad de Córdoba.

Muchas veces los arreglos salen de alguna improvisación y después alguien se encarga de transcribirlo en el papel. También dejamos una parte un poco más libre a la improvisación. En el caso particular del disco de folklore, tratamos de abracar los diferentes regionalismos de nuestro país. Hay música del Litoral, del Sur, algo de La Rioja, Salta Jujuy y algunos temas muy cordobeses, además de  las obras propias. Hay temas de cada uno de nosotros y la idea es ir incorporando cada vez más esa veta de la música nuestra.

¿Cómo evalúan la presencia de la música instrumental en Cosquín y en otros festivales del país?

Mauro Ciavattini: Creo que tiene su factor de poca presencia en la actualidad, que se puede traducir en un factor de lejanía quizás. Si lo comparamos con el ´50 o el ’40 con orquestas de tango donde la música instrumental era realmente parte fuerte de un  espectáculo de una típica y de sus momentos con el cantor, creo que la gente estaba más acostumbrada. En la mayoría de los festivales, existen pocas propuestas de música instrumental. Y mucho menos, propuestas que tengan que ver con  plantear una estética personal desde lo instrumental.  Lleva el “Pájaro campana” o las polcas a mil por hora, llevar todo al efectismo  digamos.

Por eso cuando presentamos el trío en los festivales es un desafío grande y dulce, porque al mismo tiempo nos encanta, pero el paisaje  en general es desolador en todos los festivales de la Argentina. Creo que Cosquín ocupa un lugar de mayor inclusión al respecto.  Han incluido al Chango Spasiuk, Raúl Barboza, Lito Vitale, Juan Falú, Franco Luciani y otros. Hay variedad en Cosquín y eso es alentador.  Coquín fogonea la música instrumental desde dos lados: por una parte en la grilla y también desde el pre Cosquín. En Jesús María o Laborde eso no pasa, o pasa en cuestiones mínimas. Pareciera que la música, si no es cantada no fuese música. No obstante es desafío hermoso que tomamos con mucha alegría y ganas cada año. Es un espacio que desde que ganamos el pre Cosquín en 2006 se ha mantenido. Como decía Pablo, nosotros damos la muestra de sangre anual con muchas ganas y entusiasmo.

Séptima Luna Coscoina: Romance en rojo

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Por Marina Cavalletti desde Cosquín

Ya desde las primeras horas de la tarde, los alrededores de la Plaza Próspero Molina mostraban señas de un paisaje particular: vendedores a viva voz pregonaban “vinchas, almanaques, remeras…” y algunas fanáticas, ya tal vez con el sombrero puesto, con aquel que evoca a su ídolo, decidían completar el atuendo para que no quedaran dudas. Ellas aman a Jorge Rojas. Y la séptima luna sería  -como aquella canción de Soda Stereo- una luna roja.

La previa de la jornada, aquel espacio donde los artistas nuevos muestran lo suyo, se fue colmando de a poco. La agrupación vocal La Payana, dejó un puñado de zambas y un grupo de artistas con capacidades diferentes demostraron que la diferencia es un término por demás subjetivo. Dibujaron zambas y agitaron pañuelos como todo amante de las danzas nativas.

Las fanáticas de Rojas se acomodaban, buscaban sus asientos, agua para el mate y por supuesto llevaban sus carteles bajo el brazo. Algunos consignaban simplemente sus zonas de procedencia. En otros podían leerse declaraciones como “Jorge quiero bailar una chacarera con vos”.  Ya avanzada la noche, el nacido en Cutral Co contestó entre risas “va a estar un poco complicado”

Lo que no fue para nada complicado para Rojas fue hechizar a la plaza con sus canciones que mezclan el folklore argentino con el latinoamericano y las melodías que se parecen tal vez a los boleros que rescató en su momento Luis Miguel. Pero claro, Rojas tiene, entre otros méritos el de compositor, arreglador y productor. El hombre orquesta consquistó a la plaza de la mano de sus hermanos Lucio y Alfredo y una banda que, quizás coquetee en los arreglos con el rock sinfónico. Sergio Pérez despliega unos solos que nada tienen que envidiarle a Steve Vay  y el Monito Banegas sorprende con su virtuosismo entre las seis cuerdas de su bajo, con slap, tapping y progresiones armónicas poco comunes en el género.

Rojas tocó  más de lo previsto, para alegría de sus seguidores y dijo ante la Plaza repleta “es un honor, un placer -como siempre- tener la oportunidad de estar en este escenario una vez más, estar en este lugar lleno de magia. Gracias por acompañarnos. Va a ser un placer”. Con canciones como “La vida”, “Marca borrada”, “Flores negras” o “Saya sensual” la plaza vibró de principio a fin.

En seguida, desde Chubut, Leonardo Miranda dejó algunas huellas del sur, donde el sentimiento por su región pudo más que algunos problemas de afinación.

Guitarreros, finalmente se dio el gusto de abrir la noche cantando el himno a Cosquín antes del tradicional grito de Fabián Palacios. El grupo salteño volvió al escenario que los consagró en 2010. Con un repertorio que reunió a “La maza” con “Canción con todos” o “A Monteros”, entre otras la noche fue una fiesta con acento salteño.

 Amboé dejó su huella chamamecera y la Delegación de Santa Fe tuvo por protagonista a Soledad que entonó “Coplas de la orilla”, “Rosario de Santa Fe”  y hasta la canción patria “Aurora”, que muchos corearon con emoción.

Ángela Irene enamoró pañuelos con su sentida versión de la “Zamba del carnaval” y en seguida la luna se vistió de chacarea. Cuti y Roberto Carabajal llegaron al escenario mayor y junto a Peteco rasguearon algunos  himnos santiagueños como “Déjame que me vaya” o “Puente carretero”.

La jornada siguió con las propuestas hondas  de Orellana-Lucca, María Eugenia Fernández.  Joel Tortul Trío se destacó con un formato de piano, contrabajo, batería y percusión. Los instrumentistas recorrieron la música argentina al piano con una estética anclada en el folklore y el tango, pero potenciada por las influencias y los códigos del jazz y música clásica.  La séptima luna le daba paso así a melodías de gran elaboración. La noche entonces celebró esa comunión de los éxitos de antaño con las nuevas formas que visten a la música popular argentina que es una música que plural, plagada de diálogos que la enriquecen.

Sexta luna coscoina: La canción fue la protagonista

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Por Pao De Senzi desde Cosquín

La sexta luna fue para los trovadores, aquellos que usan los escenarios para decir y alimentar el alma. Paola Bernal, León Gieco, Víctor Heredia, Pancho Cabral, Teresa Parodi, Rafael Amor  y Juan Falú, este último, protagonista de uno de los momentos más  bellos y emotivos de lo que va del festival.

 

“Nada resulta superior al destino del canto”, decía Atahualpa Yupanqui. Sentarse y escuchar. Detenerse por un momento para reflexionar sobre las palabras, ponerse de pie, aplaudir, y volver al silencio de la platea,  para escuchar lo que alguien dice sobre el escenario.

Ese fue el destino de la sexta luna coscoina, donde la cartelera de artistas dejó algo más que simples pasajes musicales.

León Gieco abrió la noche con un homenaje a los poetas en imágenes  y un fuerte reclamo por Famatina a las mineras “los canadienses hijos de puta”, dijo. Siguiendo la polémica de la noche anterior, cuando al parecer la televisión pública cortó las imágenes de los reclamos por las mineras en La Rioja mientras cantaba Raly Barrionuevo, León menciono el hecho y se puso del lado del artista. Luego continuó con las canciones de “El Desembarco”, su último disco y cerró la actuación de apertura de una noche que alentaría a la emoción al más distraído.

Suna Rocha fue la segunda en subir, manteniendo en alto el compromiso con la canción y sorprendiendo en el cierre con una versión del tema  ”Latinoamérica”, del grupo Calle 13.

Luego Teresa Parodi se adueñó del silencio de la platea y de su espacio en el escenario Atahualpa Yupanqui, que supo aprovechar al máximo invitando, como en su último disco “Otro Cantar”, a algunos artistas para que la acompañen.

Algunos, como el dúo Orozco – Barrientos  y Arbolito fueron parte también de la grilla de esta luna, y sumados a María de los Ángeles  Ledesma y Ana Prada más los pies voladores del Negro Valdivia (que se dio el gusto de bailar su propia canción, “Celador de Sueños”),  hipnotizaron a una platea que a esa altura superaba en ocupación el 70 por ciento.

Algunos artistas como Pancho y Fermín Pereyra y el grupo Manduará, atenuaron la espera de cada número principal con buenas propuestas.

Luego, como si fuera una continuación del set de Teresa, el dúo  mendocino formado por Fernando Barrientos y Tilín Orozco dejó sus canciones y también invitó a Valdivia para bailar cuecas cuyanas. Con acento a vendimia se fueron ovacionados.

La noche se estrellaba cada vez más a medida que la madrugada avanzaba y el frío al que Cosquin nos acostumbró años atrás volvía para quedarse.

Mientras uno navegaba ese recuerdo, Juan Falú, tucumano, comenzaba su set con “La Vieja”, una chacarera santiagueña. Luego el tiempo de una canción sirvió para decir algunas palabras para el genocida Bussi (fallecido hace unos meses) y recitar los versos del poeta Néstor Soria, escritos el día de la muerte del ex gobernador tucumano del proceso. En los rincones de Cosquin, el silencio estremecía mientras Juan retomaba hacia la música diciendo “que vuele hermosamente una zamba”. Uno se pregunta por que a Juan Falú que se va ovacionado luego de “Canción del Jangadero” y deja al publico con ganas de más, le dan tan poco espacio en Cosquín.

 

Mientras la gente pedía otra del tucumano, Víctor Heredia acomodaba su osamenta detrás de los pétalos que hacen de telón junto a la Orquesta Suramérica, para ofrecer otro de los puntos altos de la noche: un homenaje a Mercedes Sosa (cuyo comienzo fue un tanto desprolijo a causa de los  problemas con el sonido), que ya fue presentado en algunos países de Latinoamérica. Con la voz y la imagen de la negra (en canciones y palabras), los músicos jugaban a intercambiar dúos  mientras la emoción y el aplauso inundaba la plaza. Primero un cierre con “Gracias a la Vida” y luego bises con la bellísima “Medellín” (No llores ciudad bonita/ no tengas pena que cuando el reloj del tiempo cambie su arena/ tu corazón de aguacate se irá tiñendo de amor) y “Sobreviviendo”, apuntaron otra vez a la ovación de pie para Víctor y Suramérica.

La noche seguiría aportando momentos inolvidables como el del riojano  Pancho Cabral, que junto al trio MJC y Sonia Vega desparramó chayas y vidalas. También puso su voz para nombrar al Famatina, y entablar un diálogo con la platea musical y comprometido.

El tango llegó luego de la mano de Juan Peinado y más tarde fue el turno de la coscoina Paola Bernal, con una espectáculo integral que tuvo como invitados a Viviana Pozzebón, Ají Rivarola, (cantante del grupo cordobés Armando Flores y Jenny Nager. El canto y la danza con Juan Saavedra fueron los condimentos del completo set de la Bernal, que se despachó con un homenaje al Chango Farias Gómez (hasta ahora, el único de parte de artistas) con “Zambita Enamorada” y un contundente final cantando a capella la “Vidala Guerrera”.

Más artistas necesarios; Rafael Amor. En una noche en que la plaza fue a escuchar, Rafael fue atinadamente, parte de la grilla. El silencio se apoderó de la Próspero Molina ante la voz del poeta y el aplauso se sostuvo hasta el final.

Faltaban algunos artistas para terminar y el frío ya calaba los huesos de los que aguantaban. Hugo Bistolfi le puso garra a ese momento,  mientras Arbolito se preparaba para el cierre. Atrás quedaría el recuerdo de una luna destacada en este Cosquin 2012, donde la canción fue protagonista, donde las palabras se dejaron llevar por los sonidos y donde la plaza estuvo atenta a cada momento. Donde el silencio sólo dio paso a los aplausos.

Cerca de las cinco de la mañana, Agustín Ronconi, Pedro Borgobello,  Ezequiel Jusid y los demás integrantes del grupo de Avellaneda coparon el escenario y la plaza se coloreó con banderas y globos.

El rocío del amanecer caía cuando sonaba el último tema interpretado  por los ex alumnos de la Escuela de Música Popular. El pibe de los astilleros, de Los Redondos, ponía el broche final a una noche inolvidable, cuyo recuerdo acaso dificulte pensar en el después.

 

25 enero, 2012

Quinta Luna Coscoína: “Pasiones de Caravana”

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Paola De Senzi desde Cosquín

La Mona Jiménez finalmente se presentó en la quinta luna de Cosquín, y convirtió la  Plaza Próspero Molina en una fiesta cuartetera pocas veces vista. Los que pasaron por varios festivales no recuerdan un momento como el de anoche. Raly Barrionuevo, Los Manseros Santiagueños y Los 4 de Córdoba, acompañaron el fervor popular con sus actuaciones.

Aún el más acérrimo defensor del folklore tradicional, tuvo que haber asistido ayer a la quinta luna coscoina. Debió haberse asomado por unos minutos a plaza Próspero Molina y descubrir la multitud que, (se recuerda, jamás) se había visto colmar la plaza de esa manera.

Aún el más comprometido con las tradiciones, debió haber estado en la noche en que Carlos “La Mona” Jiménez , luego de 24 años regresó al escenario Atahualpa Yupanqui para saldar una cuenta que había  comenzado allá por el año 1988, cuando a pocos minutos de subir a escena, el fervor del público determinó la suspensión de la fiesta.

Es probable que con estos datos, el defensor del folklore tradicional comience a pensar de qué va la cosa.

Es cierto que para algunos la presentación de la mona en Cosquín era un aborto a la grilla obligatoria de zambas y chacareras. Pero uno  busca en el recuerdo del festival alguna plaza llena y entusiasmada, como la de anoche y no la encuentra. Cosas del folklore, de las boleterías, de los artistas, de la convocatoria, el ida y vuelta con el público, de las propuestas, la grilla, los artistas que cantan para ellos mismos.

La Mona Jiménez anoche cantó para la gente. Manejó  ala gente para que todo sea una fiesta y no se suban al escenario. Para que canten y dejen cantar y bailar. Y el público le hizo caso. Por lo demás, uno puede decir ¿el cuarteto es folklore cordobés? A esta altura, ya entrada la mañana del día siguiente, poco importan las conjeturas y los análisis. Porque la conexión entre Mona y público se analiza desde un lugar distinto a todos. La pasión.

Cerca de las dos de la mañana, Los 4 de Córdoba arrancaron con los acordes de “Zamba de Alberdi” yLa Mona, recitó los versos del Chango Rodríguez, para luego sumarse al grupo con “Amándote”, de Jaime Roos. Luego se quitó el poncho y despidió a sus presentadores mientras las lucecitas de su traje azul eléctrico se encendieron para dar paso a más de 90 minutos, de cuarteto cordobés, junto a sus hijos como invitados. La vorágine del baile, la banda tocando al palo y con ritmo apresurado y los diez mil que coparon la plaza, con los cuerpos y los brazos estirados hacia delante fueron la postal de la quinta luna.

La imagen dela Mona, era el imán que atraía esos cuerpos inclinados en reverencia. Amor, pasión, leyenda, ídolo, maravilla, maestro, ¡te amo Mona!, eran los gritos que se dejaban escuchar entre estrofa y estrofa de las canciones. Entre el alcohol y el baile. Cuerpos abrazados de emoción, brazos al compás del cuarteto. Caravana de emociones.

Otra historia

La quinta luna coscoina tuvo ingredientes más que interesantes, y eso, por ejemplo fue un alivio para la lista tediosa e interminable de 28 artistas de la noche del domingo.

Luego de los fuegos, la arenga y las palabras de Marcelo Simón, que lo presentó como “un muchacho talentoso” Raly Barrionuevo, detuvo el tiempo sólo con su guitarra en la bellisima “Zamba y Acuerela”,  acariciando con sus voz las estrellas recién aparecidas. Luego invitó a la cubana Yusa a cantar con él, ya con toda la banda, (con una mención y un video referidos a la lucha contra minería a cielo abierto en Famatina que más tarde fue polémica: la televisión pública cortó la transmisión en ese instante), mientras en los versos recitados de “Oye Marcos” también nombró a Cristian Ferreyra el joven campesino del MOCASE asesinado hace unas semanas en Monte Quemado. Luego,  dejó espacio para el baile del gran Vitillo Ábalos y su esposa Elvira  Aguirrebarrena  y para una gran ausente en la grilla del festival: Liliana  Herrero, con quien cantó “Oración del Remanso” de Fandermole. Elvira Ceballos, su pianista y amiga  se sumó para el homenaje a los hermanos Abalos en el final, en uno de los momentos más altos de la noche que culminaría a puro cuarteto. Con el público de pie, (una vez mas, Raly  es El artista necesario) y el aplauso extendido hasta los bises.

La noche siguió con una lista de artistas efectivos (Lucía Ceresani, Facundo Toro, Nacho  y Daniel, Roxana Carabajal), que hicieron cantar a la plaza y otros  que también fueron aplaudidos por el público enfervorizado, ya cerca de la madrugada. Luego la impaciencia de la gente por la espera,  hizo que la comisión decidiera reprogramar algunos artistas para las noches siguientes (Pablo Lozano, Maite, Manduara y el dúo Pancho y Fermín  Pereyra.

Sólo los Manseros Santiagueños pudieron saciar la sed de la gente. Antes de los 4 de Córdoba, antes deLa Mona, antes que la plaza  quedara en el recuerdo de aquel acérrimo defensor de las botas y el traje de gaucho, los Manseros Santiagueños salieron a demostrar que lo suyo también genera revuelo. Por primera vez en la noche se vieron los brazos en dirección al escenario. Otro imán, pero esta vez desde el lugar que le corresponde a la plaza Próspero Molina. Acaso la respuesta esté en buscar el punto justo entre lo que ofrece un artista y lo que quiere el público. Sino, consulte como se hace con los protagonistas de la quinta luna.

23 enero, 2012

Tercera Luna en Cosquin: El huayra muyoj y el remanso.

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Pao De Senzi Desde Cosquín

La del domingo 22 de enero fue una luna sin estridencias y con pocos artistas consagrados. Jairo, Nestor Garnica, Alma de Luna y Cacho Buenaventura cosecharon los mayores aplausos. Para el remanso, la poesía de Bebe Ponti junto a Motta Luna y  la voz de Marita Londra. Se destacó a delegación de Santiago del Estero.

Con una plaza ocupada en un 50 por ciento, una larga lista de 28 artistas fue el motor de la tercera noche del Festival de folklore de  Cosquín.

Con un clima un poco más fresco que el de días anteriores, a la madrugada el fresquito se hacia sentir en la piel gracias al incipiente rocío, mientras el grupo Gualicho comenzaba a cerrar la jornada.

Cerca de las cinco de la mañana, subieron al escenario los integrantes del conjunto de Carlos Toro, mientras un grupo de seguidores los acompañaba en canto y aplausos.

La noche había comenzado con la previa a cerca de las 20 horas,  presentando a Ezequiel Romero, Cesar Juárez, el reaparecido Rodrigo Pequeño y Los del Norte, mientras que en el comienzo de la noche central el violín de Néstor Garnica desandaba gatos y chacareras, con la costumbre de dejar la plaza con el calor de baile en un patio santiagueño.

César Isella renovó su romance de canciones clásicas con Cosquín y anunció (como lo viene haciendo en otros festivales) su retiro de la música. Luego, la calidez de la voz de Marita Londra, acompañada por  Jorge Marziali, pareció el remanso al huayramuyo del violinero.

Motta Luna siguió la línea santiagueña del comienzo, presentando además al poeta Bebe Ponti, que recitó bellos pasajes de su obra.

La cartelera de la tercera luna no tuvo presencias rutilantes más allá de Jairo  y Cacho Buenaventura que, a juzgar por la retirada del público  luego de la actuación del humorista, se vislumbró para quien se habían vendido entradas.

Como es costumbre, Jairo le puso prestigio al escenario Atahualpa  Yupanqui, como suele hacer con un repertorio conocido y de alta calidad. Además agregó una perlita que resultó ser un bello pasaje musical: la interpretación de “Oración del Remanso”, de Jorge Fandermole. Para el cierre, invitó a cantar a Cacho Buenaventura “Virgen Morenita”. El cómico subió un rato más tarde y desató carcajadas por doquier, mientras la madrugada ya entraba en horas, y los chicos de Alma de Luna (los más ovacionados) dejaban a la platea silbando por su retirada y la imposibilidad de bises.

Los Musiqueros Entrerrianos, Los Catamarqueños, la riojana Gloria de la Vega el duo formado por los mendocinos Javier y Paito Figueroa, Suyai,   y las delegaciones de Chaco y Santiago del Estero (esta última la más ovacionada, homenajeó a los poetas de la provincia en imágenes, danza y canto), fueron parte de la larga lista de protagonistas de la noche.

La tercera luna coscoina paso sin sobresaltos en la Plaza , mientras que en las peñas , el vapor comenzaba a crecer con las actuaciones de Bruno Arias (en La Salamanca) y Los Carabajal -con Peteco, Cuti y Roberto- de invitados en su peña. Cuando el sol recortaba los cerros , y su luz comenzaba a reflejar el movimiento del río, en las calles aún retumbaban las chacareras y los bailecitos de Bruno y los Cara. En la plaza, ya comenzaban a apagarse las voces.

 

Segunda Luna de Cosquin 2012: Entre la Chaya y la revolución

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por Marina Cavalletti desde Cosquín

Peatones que transitan sobre la calle San Martín, curiosos que comparten un mate en las esquinas cercanas a la Plaza Mayor. La lluvia de la primera noche es sólo un recuerdo. Un perro duerme en la explanada de la Iglesia.

Cae el sol. La gente se amontona en los ingresos al predio. Todos esperan ansiosos los fuegos de artificio, el ballet y las palabras ya mágicas de Fabián Palacios que, como en un encantamiento, abren paso a la música: “Aquí Cosquín” y los aplausos y el locutor que agrega: “Él es uno de los que engrandece el patrimonio de la cultura riojana”  y sobre el escenario Serguio Galleguillo entona “El camión de Germán” y en seguida “La taleñita”. Explica, además, que celebra sus quince años con la música.

Galleguillo claro, es hombre y  no tiene vestido blanco como las quinceñeras, pero viste la plaza de un simbólico blanco para evocar a la chaya. Papelitos de colores inundan la plaza en lugar de harina. El romance llegó con “Fábulas de amor” y la emblemática “Zamba para olvidar”.

El inicio de esta luna mostró una clara comunión entre el artista y el público. Más allá de gustos y precisiones –o no- la Plaza entera se entregó al espíritu de la Chaya. “Soy un cantor popular y les quiero dar alegrías para matar las penas” dijo en riojano que, en conferencia de prensa, explicó que su provincia está  dividida por Famatina. “Los que tienen que hablar todavía no han hablado y la gente se está manifestando” y  recalcó: “si el pueblo habla,  yo tengo que estar con ellos. Doy mi apoyo a esa gente que está trabajando en la lucha. Ojalá que la unión de los riojanos se pueda conseguir pronto”, destacó el cantante que festejó su cumpleaños número 43 sobre el escenario.

En seguida, un momento de reflexión en torno de la justicia y la memoria. Miguel Ángel Estrella y Lo lamento por la baldosa desplegaron  movimientos  y sentimientos. Algunas de las Madres de la Plaza sobre el escenario y bailarines que tras la zamba “La pobrecita”  ponían sus pañuelos sobre sus cabezas y buscaban a aquellas mujeres, casi como abrazándolas.

Sobre el escenario, y con confusiones que ocurren cada tanto, Palacios presentó a Aymama, pero en su lugar, Pacho O´Donnel y Tarragó Ros deplegaron cuatro capítulos del espectáculo “Pasiones de la historia argentina”. Una huella para Camila O´gorman  y Ladislao Gutiérrez, un vals para Mariano Moreno y Guadalupe y la plaza presenció una clase de historia entre músicas y lecturas.

Tras las disculpas de Palacios, Aymama  recortó palabras de la “Milonga de los asados” de Armando Tejada Gómez y las melodías de “La coplera de las cocinas”.

Canto 4 fue uno de los platos fuertes de la noche, con un puñado de canciones que hizo vibrar y cantar a todos los presentes.  “El gato del festival” , un popurrí de zambas y atractivas versiones de “La arenosa” o “Recuerdo salteño”,  crearon un clima de celebración. “Güemes prócer nacional” se leía en la remera de Facundo Rufino. Ante una plaza eufórica los salteños concedieron un bis con su ya clásica “Sombra herida”. Y cedieron el paso a Omar Moreno Palacios.

Abel Pintos desató, sin duda,  cientos de emociones entre sus fans. Conmovido por la respuesta del público, agradeció a la plaza por  “recibir siempre mis canciones, las canciones nuevas de otros artistas”. Además, luego de lograr el disco de platino sobre el escenario, confesó: “este es otro sueño cumplido. Gracias por comprar discos originales y defender las fuentes de trabajo que genera la música”. Con la voz quebrada por momentos, el oriundo de Bahía Blanca, se destacó con “La llave”, cantada por todos los presentes. “Cosquín tiene una mística muy especial” dijo Abel que, para cerrar su show, invitó a todos a compartir su “Reevolución”. La canción que nombra a su último trabajo dice: “cada uno es especial y no existe nadie como vos, como yo”. Será que Pintos, demostró, una vez más, que es un artista único.

Bruno Arias desde Jujuy adelantó canciones de “Kolla en la ciudad”  y la Delegación de Uruguay homenajeó a su máximo prócer con “Tierra de Artigas”. La noche seguía y también los artistas, llegando con su música hasta el amanecer. Cosquín, como siempre, era una fiesta.

21 enero, 2012

Comenzó el Festival de folklore de Cosquín: La primera cosecha fue bendecida por la lluvia.

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Foto: Paul Amiune

Paola De Senzi desde Cosquín

Un nuevo canto al borde de los cerros coscoínos, se escuchó sobre la villa cordobesa a partir de anoche, viernes 20 de enero, pasadas las 22 horas.
Tras los fuegos artificiales y luego de la tradicional bendición a cargo del cura párroco, la voz del maestro de ceremonias Marcelo Simón, siempre tan emotiva y decidora, anunció el “estamos todos” y con la frase, unificó a los presentes, los que estarán y los que pasaron, (con las imágenes de Argentino Luna, Hugo Gimenez Agüero y María Elena Walsh). Minutos después el “Aquí Cosquín” descubrió el velo de la noche inaugural del festival mayor de folklore.
La cartelera de la primera luna -serán 10, hasta el domingo 29- fue para todos los gustos, algo que, a juzgar por las grillas que se vienen (Mona Jiménez incluido) será la característica de este Cosquín.
Desde la magia de la bailarina Eleonora Cassano (junto a su partener Julio Medina), con un espectáculo que combinó danza, tango y folklore, con pasajes de Piazzola y Ginastera y la participación del Ballet de la Costa y el Ballet Camin bajo la dirección de Osvaldo Ues (en un pasaje imponente de la obra “Estancias” del maestro Ginastera) más un cierre emotivo y maravilloso con “Roxanne” de Sting, en tiempo de tango.

Antes, los encargados de abrir la primera luna, habían sido los integrantes del grupo cordobés Ceibo, consagrados en Cosquín 2011, que arrancaron los aplausos de la platea a fuerza de chacareras bien arriba. Tras ellos, la primera parada a los ganadores del Pre Cosquin en el rubro dúo vocal, con Primera Junta, y el conjunto de malambo El Viejo Algarrobal.

La actuación de Franco Luciani se hizo esperar -estaba programado antes de Cassano pero se demoró en el tránsito- pero dio sus frutos: ante la corta pero contundente actuación, a diez años de haber sido revelación en el festival, llegó la ovación para el santafesino.

El Chaqueño Palavecino no dejó para el final de la jornada su actuación y en cambio apareció pasada la medianoche, con su carga de folklore y tradición. Ante una platea ocupada en un setenta por ciento, desplegó las canciones de su último disco (“Mi Cielo Terrenal”) reafirmando lo que había dicho minutos antes en conferencia de prensa: “el país folklórico que somos se muestra en Cosquin”. Luego, sobre el escenario y junto a Pitín Zalazar -, esparcieron las cenizas del Chango Nieto sobre el escenario Atahualpa Yupanqui. El silencio y la sorpresa de la plaza se convirtió en canto colectivo un minuto después cuando Palavecino arrancó con las canciones que saben todos.
La fiesta continuó luego con los Arrieros, la vientista cafayateña Mariana Cayón, en una noche que se podría decir, disparó un airecito bien norteño en mayoría de artistas.

Tomas Lipán desplegó su voz poniendo otro grano de arena (y emoción, claro, como acostumbra el cantor purmamarqueño al nombrar su norte) a la madrugada, que comenzaba a transitar las primera horas.
Las nubes se habían puesto cargadas sobre el cielo y comenzaba la brisa, desplazando la alta humedad y el calor reinante durante la jornada.

Así y todo, con la lluvia amenazando, Mariana Carrizo deleitó a la plaza con sus coplas, sus canciones, un alto para nombrar al Famatina (un tema que, seguro estar presente en las noches de este festival) y la invitación a acompañarla a la vientista humahuaqueña Micaela Chauque y a la Chubutense Marisa Pérez Serrano con coplas del sur.

El chaparrón llego casi a las 3 y media de la mañana, pero la noche seguía. Aún faltaba la delegación de Ecuador, Carla Nieto, Mario Álvarez Quiroga, Peñeros y los Diableros de Orán.
Bajo el torrente de agua, la música siguió hasta que el sol alumbró la plaza, las calles y los cerros.
Así humedecida y musical pasó la primera luna del Cosquín de folklore. La cosecha comenzó y nada mejor que la lluvia para bendecirla.

18 enero, 2012

Entrevista exclusiva con Rodolfo González Alcántara, campeón nacional de malambo 2012. “Es importante ser humilde y honesto con uno mismo”

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por Marina Cavalletti desde Laborde

El calor crecía en Laborde y también la emoción. La Pampa obtuvo por dos años consecutivos el título más preciado. En 2011 Gonzalo Molina y ahora Rodolfo González Alcántara. Dos campeones nacionales de Malambo.
Son más de las siete de la mañana y el Festival terminó, con la emoción a flor de piel y una sencillez que sorprende, el Campeón se presta a una charla sincera y llena de recuerdos.

Te has consagrado campeón nacional del malambo…

RRA: -Es un sentimiento increíble, primero porque a los doce años vine por primera vez acá y veía a esos monstruos del malambo. Los miraba desde abajo con admiración, iba uno por uno y miraba cómo ensayaban. Después le agarrás tanto amor a esto, sobre todo tanto respeto, porque todas las veces que he venido a este escenario me he matado para llegar bien acá, entrenado. Siendo pibe, teniendo doce o trece años, después en juvenil siempre vine bien preparado. Después el resultado fue otra cosa, pero siempre vine bien preparado.
Laborde es lo que te quita el sueño, lo que te saca horas de dormir, horas con la familia. Te saca un montón de cosas: comer, disfrutar un asado con tus seres queridos. Te saca muchas cosas, pero es lo más anhelado para los que zapateamos.

El campeón 2011, comprovinciano tuyo, te entregó la posta…

RRA: -Que me lo haya entregado el Pony (Gonzalo Molina) fue increíble. Porque yo lo conocía, pero al haber salido campeón y subcampeón empezamos a dialogar más. Los últimos días me fui a La Pampa –porque estoy viviendo en Buenos Aires- y ensayé en el escenario que él tiene detrás de la casa. Y me apoyó muchísimo. Mi profe, Fernando se había ido a Salta y me costaba ensayar con alguien. Él estaba ahí ayudándome y sobre todo alentándome. Porque por momentos tenés esos días en los que sentís que se te escapa todo, y son difíciles, pero él ya había vivido la situación de haber sido subcampeón y me iba tranquilizando junto con Walter. Él me decía “Yo te tengo que entregar la copa a vos”. Fue espectacular.

Hablás del tiempo perdido con la familia que fue un eje en tus primeras palabras como campeón…

RRA: -Sí, mi familia es todo. Cuando digo familia, me refiero a mis amigos, mi mujer, mis suegros, mis padres. Siempre están ahí, sea en lo mínimo. Mis viejos son laburantes: mi viejo tiene un trabajito en la municipalidad y es albañil y me pagaron el colectivo. Recorrieron todo Santa Rosa para conseguirlo y sé que ellos vuelven y tienen deudas. Van a tener que trabajar el doble para terminar de pagarlo y que hagan algo así es emocionante. Y yo sé que les he restado tiempo, cuando iba a La Pampa iba a entrenar, me levantaba, tomaba unos mates con mi vieja y arrancaba a entrenar. Auque iba no estaba. Se te cruzan y se te mezclan muchas cosas.

Destacabas en tu discurso la importancia de la fe…

RRA: -La fe en Dios me fortaleció mucho. Cuando estás en el fondo de todo y decís “no me voy a caer”. Me he sentido acompañado, lo tuve ala lado en cada oración antes de zapatear, en cada mirada al cielo. Esta semana además me pasaron muchas cosas espiritualmente: un pibe de la apertura me regalo un crucifijo que era de su abuela que había fallecido. Me dijo que él no era creyente, pero que me lo daba para me acompañara hasta el final. Yo lo tengo puesto, tengo tres: el de un amigo mío del alma –de Santa Rosa-, el de mi mamá y el del pibe éste. Después me pasaron un par de cosas más, impresionantes.

También adoro la vida de Jesús y leo. Me encantaría hacer las cosas que hizo Él, tener la bondad de ayudar. Muchas veces cuando te metés cosas en la cabeza, como por ejemplo ser campeón, estás en la tuya y te olvidás que el de al lado te necesita. Yo lo que le pedí a Dios en este año –más allá del sueño de ser campeón- es que no me olvide de los que están al lado, que mire al que está por cruzar la calle y no ve, al que necesita algo. Le pedí que me ayude a seguir soñando y luchando, pero sin olvidarme de los que me rodean.

El día de mañana, cuando seas padre ¿quisieras que tus hijos sean malambistas?

RRA: -Cuando los tenga, quisiera que sean lo que ellos quieran. Seguro que algo van a mamar. La mamá es bailarina, yo zapateo, seguro que una bombacha, un alpargata o un vestido van a agarrar, pero que sean lo que ellos quieran.

¿Qué consejo le darías a los chicos que hoy te vieron en el escenario y anhelan tu mismo sueño, ese que hoy has cumplido?

RRA: -Si tuviera que darles un consejo a los chicos, les diría que sean honestos con ellos. Si no sos honesto con vos mismo después cuesta ser honesto con el resto. A mí me ayudó mucho no mentirme, saber cuándo estaba haciendo las cosas mal y pedir ayuda para corregirlas. Y cuando estaba haciendo las cosas bien, ser humilde, agachar la cabeza y seguir creciendo, no ponerme un techo. Eso me ayudó mucho.

El viernes comienza un nuevo Festival de Cosquín: Diez lunas iluminando la libertad

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Mañana viernes 20 de enero cuando los fuegos artificiales marquen el comienzo de la edición número 52 del Festival Nacional de Folklore de Cosquín, los que pisamos todos los días el suelo de nuestra música comenzaremos a sumergirnos en una vorágine de 10 días en la que todo pasa y todo pude pasar.
Desde hace 52 años, la villa coscoína se nutre de sonidos de bombos, guitarras, charangos, quenas, y voces de todas las latitudes (argentinas y del mundo), mientras el río Cosquín refresca desde los bordes, la pintoresca aldea folklórica.
Desde aquel grupo de atrevidos que cortaron la calle San Martín para reinventar una ciudad a la que luego de caer en el olvido y para cuando el interés de los enfermos de tuberculosis se terminó debido a la aparición de las vacunas sólo le quedaba un paisaje de cerros y verdes.
Allí, en plena ruta 38 y frente a la plaza principal, aquellos intrépidos levantaron con ladrillos un pequeño escenario que años más tarde se trasladó a lo que hoy es la Plaza Próspero Molina, en la intersección de las calles San Martín y Catamarca.
Por el escenario Atahualpa Yupanqui pasarán este año, muchísimos artistas, con una cartelera extensa y completa.
Habrá de todo: números importantes y convocantes, artistas nuevos e incipientes que intentarán arrancar un aplauso o acaso una ovación que los lleve camino a la revelación, habrá otros que resultarán consagrados y como siempre, habrá polémica.
Se espera para la luna inicial, entre otros la actuación del Chaqueño Palavecino. Franco Luciani – un regalo para los que tendrán la suerte de estar allí- será el encargado de ponerle el toque de prestigio musical a la noche. Eleonora Cassano comenzará a despedirse de los escenarios justamente en uno que le es ajeno a su estilo. Todo un desafío para la gran bailarina.
Tomás Lipán llegará con el vientito de la puna y Omar Moreno Palacios con la humedad sonora de la pampa. Mariana Carrizo se desprenderá de sus coplas para regalarlas a la platea, siempre en silencio cuando ella copa con su maravillosa presencia el enorme escenario.
Y más: El gran trovador Mario Álvarez Quiroga, Paola Arias, Ceibo, Lázaro Caballero, Mariana Cayon, Raúl Palma, Nico Caú, Diableros De Oran, Policanto, las delegaciones de San Juan y Ecuador. Marcelo Simón, Fabián Palacios y Maia Sasovsky presentando cada momento.

El tradicional desfile gaucho de la mañana, la multitud en la feria de artesanías, el olor a choripán y asado de la esquina de la Catamarca, la plaza San Martín colmada de cantores y bailarines entusiasmados, la escuela presidente Roca -que siempre espera llamarse de otra manera-, dejando estela de poesía y cultura, el río refrescando los cuerpos calientes del tórrido verano, las peñas regadas de fernet y cerveza, las campanadas de la iglesia Nuestra Señora del Rosario, las tribunas completas, la prensa que se reencuentra cada año, los amigos que se abrazan, las noches largas que comienzan a refrescar por la madrugada, los amores nuevos y viejos que acurrucan mientras el sol amanece detrás de los cerros. La música que sigue sonando.

Eso es Cosquín, estos somos nosotros, los que lo hacemos cada año, los que levantaremos la cabeza una vez más, cuando las luces exploten en los alto y el grito de “Aquí Cosquín” resuene en nuestros corazones.

Paola De Senzi

16 enero, 2012

47º Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María Un cierre con el rugido del León: Culminó el Festival de Doma y Folklore de Jesús María. El cierre estuvo a cargo de León Gieco. También se presentaron Facundo Toro y Los del Suquía. Noche de premios y consagraciones.

Archivado en: Festivales — Etiquetas: , , , , — boletinfolkloreblog @ 17:58

Cuando pasadas las tres y veinte de la mañana sonó por enésima vez en la historia la canción “Sólo le Pido a Dios” en la voz de León Gieco y la multitud que lo veía desde el verde del campo de doma del anfiteatro José Hernández coreaba el estribillo, en Jesús María la luna menguante, estaba en su máximo esplendor.

Atrás quedaron las lunas de los días anteriores, que vieron pasar ala Soley sus seguidores revoleando el poncho-el jueves-, a Peteco Carabajal presentando uno de los mejores sets del festival –el viernes- y una noche santiagueña en un cien por ciento con el cierre del sábado,  a cargo de los Manseros Santiagueños.

Las otras lunas del festival, las que iban creciendo hacia la menguante del domingo 15, cantaron con Jorge Rojas, Los Tekis, Los Huayra, Carabajales,  Raly Barrionuevo, Jairo, Teresa Parodi y el Chaqueño Palavecino, festejaron también los pasos de chacarera con Horacio Banegas, chayaron al son de las canciones de Sergio Galleguillo y vieron pasar sobre el pasto de la doma a los valientes jinetes sobre caballos salvajes.

Las noches en las que transcurrió el festival de Jesús María han sido bondadosas con la temperatura y el clima (excepto claro, la noche es en que hubo que suspender por la tormenta) e invitó al pase de mano en mano del fernet, la cerveza, el mate y por qué no, el tereré.

Las botas de potro intercambiaron pasos con las alpargatas, y los colores de los ponchos según las regiones, se vieron en lo alto, agitados al son de algún escondido dela Pastorutti.

Mientras la luna seguía ahí arriba, en el escenario pasaban casi todos los artistas que hoy hacen a los festivales y también nuevas figuras, que de a poco van dejando estela y ocupando lugares vacíos. Como los Izquierdos dela Cuevao Cololo Macedo, por ejemplo.

 

En líneas generales, la edición 47º del Festival de Doma y Folklore de Jesús María se llevó algunos laureles: por cantidad de público (fue parejo casi todas las noches, con las tribunas casi completas) por la cartelera, interesante en cuanto a artística, (con pocos baches en cuanto a los tiempos), y por organización. La juntada de los días martes y miércoles (por la suspensión del primero por la lluvia) no tuvo errores a la hora de unificar la venta de entradas. Todos contentos y acomodados.

 

La noche del domingo tuvo un ritmo un poco más relajado que las anteriores. Sólo ha que apurar la última demostración de doma para entregar el premio a los campeones, hacer honores ala Virgende Luján  (patrona del festival) y arriar la bandera. Y luego, vendría la música.

En encargado de abrir la noche fue Fabricio Rodríguez, armonicista que interpretó el Himno Nacional. Luego, Amboé practicó el sapucay más  furioso con el público y Los del Suquía cantaron las canciones de Córdoba de antaño. Facundo Toro subió un rato después para, levantar a la platea y dejar el camino con canciones para recibir a Gieco.

El músico de Cañada Rosquin apareció con su guitarra y en solitario  repasó algunas canciones de las primeras épocas de su carrera, con las imágenes de aquel país gris de esas canciones y un recuerdo a De Ushuaia aLa Quiaca(La Memoria,La Mamáde IIMI,La RataLaly, Carito, Kilómetro 11). Más tarde dedicó un tiempo para presentar algunos pasajes de El Desembarco, su último disco, y volvióa a “una que sepamos todos” con un homenaje a Pocho Lepratti (“El Ángel dela Bicicleta”), “Cinco Siglos Igual” (dedicada a Evo Morales) y Sólo le Pido  a Dios para los bises.

La misma luna que creció durante las 10 noches del festival se escondía detrás del techo del escenario Martín Fierro, mientras sonaban los últimos acordes en la guitarra de Gieco.

Una noche más -la de hoy lunes- espera al festival, ya alejada de la doma, de las botas de potro y el folklore, más cercana a la música de Córdoba.

Mientras tanto, se cierra la puerta del festival del coraje y la poesía, hasta la próxima jineteada

 

Los premiados:

Música

Consagración:  Cololo Macedo y Los Legales

RevelaciónLa Coplay Los Izkierdos dela Cueva.

Distinciones especiales:: Trío Jesús María y Valentín Bernárdez

Menciones especiales:  Romina González, Emilio Morales, Dúo Talamonte, José Galante, Los dioses del chamamé y Los serenateros de Salta.

Doma:

Ricardo Pucheta en Crina limpia,
Ramón Córdoba en Gurupa sureña
Oscar Gatica en Bastos con encimera

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