El Blog del Boletín

27 mayo, 2010

Los Festejos del Bicentenario en Buenos Aires: La enorme emoción de pertenecer a un pueblo libre

Archivado en: Artistas, Cultura, Espacios, Festivales, Muestras, Recitales — Etiquetas: , — boletinfolkloreblog @ 22:13

Video:Víctor Heredia

Casi seis millones de personas participaron de cuatro días de festejos en la Ciudad de Buenos Aires, donde se concentró la mayor actividad del Bicentenario. En Córdoba, hubo festejos en la capital y el interior, con desfiles y conciertos multitudinarios. Cada rincón del país recordó el cumpleaños de la Patria.

Hay una imagen, quizá la más contundente y fuerte, que quedó en la retina de quien firma estas líneas: la sonrisa dibujada en la totalidad de los integrantes de esa gran marea humana que en la Ciudad de Buenos Aires festejó el Bicentenario de la Patria. Esa sonrisa, que al caminar entre cuerpos de adultos, jóvenes y niños se repetía por miles, lleva implícito el clima que tuvo durante los 5 días la convocatoria. Como en aquel 1810, Buenos Aires fue sede de la mayoría de las actividades alusivas al hoy festejo -ayer luz de libertad-, aunque en cada provincia se festejó el Bicentenario.

El denominado Paseo del Bicentenario, -emplazado sobre el largo de la Avenida 9 de Julio desde la calle Corrientes hasta San Juan- fue el centro de diversas actividades culturales, desfiles, muestras, recitales y presentaciones espontáneas de artistas.

Una gran infraestructura montada sobre la calle Carlos Pellegrini cobijó 42 stands, entre los de las provincias argentinas, entidades oficiales como Cultura o Derechos Humanos y argentinos en el extranjero -la llamada provincia 25-.

Llegando al extremo opuesto al Obelisco, los trenes antiguos fueron una de las mayores atracciones para el público.

Los pasillos centrales fueron ríos de gente cuyo devenir viraba hacia cada lugar, convirtiéndose en filas kilométricas para entrar a disfrutar de lo que ofrecía cada posta.

Sobre la calle Cerrito, en cambio, había otra combinación, que entremezclaba olores y sabores de las provincias y del mundo (desde chipa hasta empanadas salteñas y tucumanas, chucrut, ensaimadas, dulces de los valles, tamales, vinos y licores, chivitos, embutidos y alfajores cordobeses, esparcidos por las manos de quienes quisieron probar todo). Una joven con un gran tarro de dulce de leche artesanal convidaba a los chiquitos el viernes 21, mientras unos pasos más adelante, las asociaciones de helados artesanales regalaban vasitos de distintos gustos.

Insertados entre los stands gastronómicos y cortando en lo alto las pequeñas estructuras, se montaron escenarios replicando al principal -ubicado en la Plaza de la República- en menor escala, donde sin solución de continuidad, había rock, folklore, delegaciones provinciales, ballets, teatro, copleros, tango y poesía.

El viernes, cuando todo comenzaba allá por las 18 horas, se escuchaba un fragmento del Martín Fierro, en la voz y el alma de los actores Víctor Laplace y Lito Cruz.

De ese mismo lado de la avenida, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo tuvieron el mayor número de visitas en sus respectivos espacios. La emoción embargaba a quien los transitara.

De espaldas al Obelisco, se instaló el gran escenario, el mayor, y a sus espaldas las pantallas gigantes que transmitieron el partido de fútbol amistoso de Argentina con Canadá, previo al mundial.

Sobre las calles laterales, hacia la Plaza de Mayo, el tránsito humano era un poco más fluido, pero no menos multitudinario. Hacia allí iría la marea de gente el día 25 a homenajear por enésima vez a la patria con un espectáculo frente al Cabildo.

Hubo decenas de desfiles que implicaron el reflejo de la historia con autos antiguos, delegaciones provinciales, trenes, aviones, militares, colectividades y el inicio de una carrera de turismo de carretera con más de 100 autos.

A medida que transcurrieron los días de festejo (del viernes 21 al martes 25 de mayo), se sucedieron imágenes, momentos, multitudes, rostros, tonadas, acentos, idiomas y lágrimas. Gritos de felicidad y sorpresa y aquella imagen grabada en la retina que no desaparece, ni desaparecerá jamás: la felicidad dibujada en miles de rostros, dispuestos a disfrutar del Bicentenario, en libertad.

Los espacios de La Memoria: La emoción junto a las Madres y Abuelas.

En el transcurso de los festejos nadie quiso dejar de emocionarse con la muestra fotográfica del stand de Abuelas de Plaza de Mayo, cuyas imágenes nublaban la vista de quien se detuviera a mirarlas y leer los textos anexos con relatos de nietos recuperados. Una foto en especial, sobre un abrazo entre Estela de Carlotto y un nieto recuperado deja ver la expresión del sueño cumplido y estremece.

A pocos metros, la sorpresa y la emoción, desde la frase del frente (“Hasta la Victoria Siempre, Queridos Hijos”) fue la “Carpa del Pañuelo Blanco” de las Madres, que a lo alto mostraba, bajo un enorme pañuelo blanco, la tradicional ronda en torno a la pirámide, con réplicas tan exactas que provocaban un enorme estremecimiento. La obra fue gecha por el artista plástico Andrés Zerner.

Dentro de la carpa funcionaban el Espacio Cultural Nuestros Hijos, la librería de las Madres, la radio y la organización sueños compartidos, atendida por los colaboradores del proyecto que presiden.

Música para un país de locos corazones

Más allá de los pequeños escenarios dispuestos a lo largo del Paseo, sobre la Plaza de la República, de espadas al Obelisco, pasaron las últimas horas musicales de cada día.

Es tan infinita la cantidad y calidad de músicos -tomando como ejemplo el folklore y la música popular- que transitaron por esos escenarios que hace falta nombrar por lo menos a algunos: la delegación de Catamarca trajo Copleros y Americanta, además de la joven talentosa Nadia Larcher (revelación del Festival del Poncho).  A unas cuadras -sobre otro escenario-. Abel Pintos, subía a cantar sus canciones. La delegación santafesina llevó la cumbia de Los Palmeras -que el 25 convocó una gran multitud- y a Juan Carlos Baglietto, quien cantó acompañado de Franco Luciani. El domingo, bajo una densa lluvia- que luego se convirtió en diluvio-, Los Tekis preparaban su actuación. Estuvieron Peteco Carabajal y Vitillo Ábalos, Jaime Torres y Tonolec, por nombrar algunos.

El día de la inauguración, sobre el escenario mayor, una banda musical de glorias del rock, lo homenajeó con momentos de sorpresa y emoción. Con Litto Nebbia como maestro de ceremonias, cantaron León Gieco, Miguel Cantilo, Emilio Del Guercio, Antonio Birabent, Fito Páez y Silvina Garré entre otros, cerrando cerca de las tres de la mañana todos con “La Balsa” uno de los himnos de lo que también es música argentina.

El sábado 22, la historia fue otra musicalmente pero la idea la misma, un gran coro de almas coreó cada canción del llamado “Abrazo Latinoamericano”, llevado de la mano por Gieco y musicalizado -maravillosamente- por el cubano Pablo Milanés, el uruguayo Jaime Roos, la colombiana Toto de Momposina, Víctor Heredia, los chilenos Jaivas, el brasilero Gilberto Gil, el gran Gustavo Santaolalla y los muchachos de Mundo Alas, que cerraron una noche en la que se calculó más de un millón de asistentes. Quizá el resumen emotivo de este día lo encierre ese maravilloso coro cantando junto a Heredia “Razón de Vivir”. Una postal sonora inolvidable.

El domingo, el cielo porteño comenzó a amenazar desde temprano, pero nadie se fue. Al contrario, el mar de abajo, se movía al son del mar de nubes que dejaban gotear de tanto en tanto, pero nadie intentaba un escape. Todos miraban hacia arriba de vez en cuando, relojeando. Pero pasadas las 18, las puertas del cielo se abrieron y diluvió por más de dos horas, convirtiendo todo en un gran desierto -ahora mojado- y hubo que suspender las actividades. Era la jornada en que se homenajearía al folklore y al tango y había que pensar en cómo organizar el día siguiente para que nadie se quedara afuera.

Es que justo para el lunes, el escenario mayor tenía prevista además un homenaje al cine argentino, con Santaolalla de anfitrión, directores de todos los tiempos y con proyecciones de las películas más importantes. Además, cerraría la orquesta de Horacio Salgán, que regresaba a los escenarios luego de varios años de ausencia, a los 93.

Para colmo, el fútbol estaría presente esa tarde porque Argentina jugaba frente a Canadá en el partido de despedida hacia el mundial (se habían dispuesto enormes pantallas para la transmisión). Sumado a todas las actividades previstas para la jornada, parecía imposible cumplir en tiempo y forma con lo suspendido el día anterior.

Quizá el ángel de la Patria, que en 200 años mantuvo el fuego que hoy nos alumbra y entibia, permitió que desde el gran desfile de autos antiguos -al mediodía-, pasando por el homenaje al cine- a media tarde-, y la inauguración del Colón -las 19.30-, tuvieran la importancia que se merecía cada uno, y la gente no se perdiera nada. Sí, hubo lugar para el homenaje al folklore y al tango.

A las 16 horas, Teresa Parodi estaba cantando allí, con Bruno Arias, “Piedra y Camino”, en una versión maravillosa, única, que hace pensar en qué afortunados somos de tener a la “Tere” entre nosotros.

Orozco Barrientos, Jaime Torres y Liliana Herrero siguieron cantando hasta que los gritos de gol -del cinco a cero- tuvieron que callar las músicas por un rato, para poder festejar el triunfo argentino.

A las 19.32, el Teatro Colón se encendió de historia. Por sus paredes frontales pasó la vida de ese edificio histórico que permaneció cerrado por reformas durante 4 años. Los más importantes artistas de la ópera, el ballet y la música instrumental pasaron por esas paredes restauradas. Desde Luciano Pavarotti, y María Callas, hasta Astor Piazzola y Manuel de Falla, Bruno Gelber y los pies de Julio Bocca y Maia Plitzeskaia; Maximiliano Guerra invitó a recorrer la obra terminada y los sonidos de cada instrumento reflejaron a las grandes orquestas.

Algunas fallas de sonido provocaron los silbidos de la multitud agrupada frente al edificio, mientras otros nos preguntábamos por qué razón faltaban las imágenes de Mercedes Sosa y Atahualpa Yupanqui, quienes también fueron parte del aire del Teatro.

Tras una hora de show multimedia, el edifico enclavado en Cerrito y Tucumán volvió a iluminarse levemente para cobijar dentro a otra historia: un grupo selecto de personalidades que junto al Jefe de Gobierno de la Ciudad -Mauricio Macri- presenciaría una escena de La Bohème.

El pueblo, la gente, esa marea humana que quedó afuera de la alfombra roja, caminó lento pero con dirección precisa hacia el escenario mayor. Cuando nadie lo esperaba, -porque se sabía que tenía una actuación prevista en Cosquín para recibir el 25 de mayo- el Chaqueño Palavecino ocupó el escenario principal para durante más de una hora, dejar en claro que las cosas populares son parte del aire de la Patria Bicentenaria.

Acaso Oscar Palavecino sea el mayor referente -guste o no – por estos días del criollismo, por su porte de gaucho, por su inmensa convocatoria y porque canta (y hace cantar) la música de nuestro país.

El Chaqueño cantó folklore y junto a él, un millón de voces, corearon cada estrofa de sus canciones, bailaron zamba, chacarera y chamamé e intentaron un sapucay y un viva la patria, que deben haber retumbado de Ushuaia a La Quiaca.

Palavecino debía irse -un avión oficial a su disposición, lo ubicaría directamente en el escenario de la Plaza del Folklore coscoína- pero él quiso seguir un rato más. Horas más tarde, Marcelo Simón -quien fue el presentador de este escenario junto a Federica Pais- contó que al consultarle tímidamente detrás del escenario si podía cantar una más, Palavecino le contestó que le consulte primero al público. Es de imaginarse la respuesta y también, que no fue un sólo tema el bis de despedida.

Tras una breve -pero contundente- actuación de Los Kjarkas-, y el abrazo uruguayo de Los Olimareños -con el recuerdo y la emoción de años de compromiso- llegó el momento más esperado por todos.

Fue cuando Simón, bromeando con el estado de la muchacha -a 20 días de ser madre primeriza- dijo que a juzgar por esa panza estamos frente a una “matria” en lugar de patria, todos sabían de quien se trataba. Tras la ovación apareció La Sole, con tres temas permitidos por el médico, que fueron cuatro, luego cinco, y el Himno Nacional Argentino de la hora cero del 25. En pantalla, el coro dispuesto en el Valle de la Luna, dio las notas para el comienzo. Sobre el escenario de Buenos Aires, Susana Rinaldi  se sumó a acompañar a Soledad.

De ahí en más, todo fue emoción, banderas en alto, gritos de libertad, y fuegos artificiales, en celeste y blanco, con los corazones y las almas a pleno, para decir Feliz Cumpleaños Patria.

El día Señalado

El sol del 25 asomó, finalmente el martes, tras cuatro jornadas que imitaron aquellas nubladas y lluviosas de 1810. Bajo el cielo celeste, la marea humana continuó su curso sobre la Avenida 9 de Julio, colmando los stands, las postas gastronómicas y cantando y bailando frente a los escenarios.

Faltaba poco para el cierre, que seria a las 19 horas alcanzando el cenit con un desfile organizado por el Grupo Fuerza Bruta, que prometía ser impresionante, con 19 escenas paradigmáticas de la historia argentina. Sería luego del discurso de la presidenta Cristina Fernández en la Casa Rosada, frente a presidentes de Latinoamérica, entre ellos Evo Morales de Bolivia, Hugo Chávez de Venezuela, José Mujica de Uruguay, Lula da Silva de Brasil y el depuesto presidente de Honduras, Miguel Zelaya entre otros funcionarios.

A las 18 horas el edificio del Cabildo iluminó dos siglos de historia, con la misma tecnología que lo hiciera el Teatro Colón en la jornada previa. Desde Juan José Castelli hasta Juan Domingo Perón, desde Yrigoyen hasta Videla, Las Malvinas y los bombardeos a Plaza de Mayo, el retorno a la democracia y el presente, aparecieron mágicamente por las ventanas y balcones del Cabildo, en apenas 22 minutos, un resumen de vida argentina.

Fue allí cuando el baile -en todos los sentidos de la palabra- dio comienzo. Fuerza Bruta, el grupo de teatro experimental, con 3500 actores, reflejó en 19 actos 200 años de historia. Basado en una idea de Dicky James, creador de De la Guarda, la metodología es provocar el impacto mediante la movilización de los sentidos.

Los Pueblos Originarios, el campo, el trabajo en las fábricas, los maestros, los médicos, la dictadura reflejada en dos enormes estructuras: una con la Constitución Argentina y las urnas prendiéndose fuego y otra con la recreación de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo. La guerra de Malvinas, en uno de los puntos más duros (por lo terrible, y oscuro) del desfile, la democracia, el folklore, el rock, el tango, y un final a todo baile que culminó con la apertura de las vallas y el paso de la gente a la pasarela, caminando detrás de la procesión. Durante dos horas la emoción y la sorpresa, marcharon desde Plaza de Mayo por más de 20 cuadras, a lo largo de la avenida 9 de Julio.

Pero el final de las cinco jornadas de festejos no fue completo sin música, y el rosarino Fito Páez fue el encargado de ponerla, con clásicos de su carrera coreados por la multitud que aguantó hasta después de las dos de la mañana del 26 de mayo.

Antes del final, junto a actores, colaboradores, funcionarios y músicos, se cantó una vez más el Himno y desde los edificios cercanos, brotaron cientos de fuegos artificiales, por más de 15 minutos, dejando iluminada la imagen imborrable: la de este país bicentenario, que sigue rodando, como la vida, como la libertad.

Video:Víctor Heredia

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