El Blog del Boletín

9 febrero, 2012

Liliana Herrero en el Konex: Patio del Litoral

Archivado en: Recitales — Etiquetas: , , , — boletinfolkloreblog @ 16:59

por Marina Cavalletti

La noche es cálida en Buenos Aires, tal vez demasiado. Tal vez por eso Liliana Herrero despliega las canciones de “Este tiempo” con un ventilador como parte de la escenografía. Tras el último acorde de “Tu nombre y el mío”, de Lisandro Aristimuño, la reflexión de “La casa de al lado” de Fernando Cabrera.

Entre los asistentes, Juan Falú y Cristina Banegas, el aplauso del público y las muestras de admiración mutua entre artistas. Ella, en cada canción se balancea, cierra los ojos, baila, evoca cada paisaje, cada añoranza en su garganta plural y de jangada.

Y con Herrero, es cierto, uno viaja al Litoral más hondo. Y no sólo nace la canción sino también –tal vez porque la palabra y la música sean lo mismo- otros sentidos en sus conciertos.

“Un fresco abrazo de agua la nombra para siempre; sus costas están solas y engendran el verano”.  Ese inicio, esos versos de Carlos Mastronardi, dijo Borges, es menos un poema sobre Entre Ríos y más un poema sobre la nostalgia por Entre Ríos. Entonces, me pareció que “La nostalgiosa” y “Ay este  veces por mi lugar. Por mi Patria también, a veces perdida, a veces encontrada”, explica Herrero y continúa: “Por eso este lugar no es un parador, es un patio de la infancia, de las guitarreadas a cielo abierto”. Los aplausos ovacionan la propuesta y dan paso, nuevamente, a la música.

Plegada al sentimiento de hermanos del Paraguay, que participaron del recital, la oriunda de Villaguay, improvisó a capella algunos de los versos de “Recuerdos de Ypacaraí”.

La noche sigue con un puñado de canciones y da paso a la emoción, con Bagualerita, de Luis Alberto Spinetta que despierta emociones múltiples en el auditorio ante este prócer del rock que desde el miércoles perdura en su música.

“Confesión del viento”, “Se me va la voz” o “El tiempo está después” generan el espacio propicio para una serie de bises que concluyó con el himno litoraleño “Oración del remanso”. Entonces, las estrellas se enamoraron de la luna al compás del río y Buenos Aires fue, por unas horas, un patio entrerriano lleno de música y recuerdos

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