El Blog del Boletín

3 julio, 2011

Los conquistadores de espíritus (La Columna de Pedro Patzer)

Archivado en: La Columna de Pedro Patzer — Etiquetas: , , , — boletinfolkloreblog @ 16:31

Los conquistadores de espíritus eclipsan a los conquistadores de provincias”- escribió Víctor Hugo

Hay situaciones y sensaciones que nos hacen comprender lúcidamente a los conquistadores de espíritus. Ante pasiones extremas, entendemos como nunca a Shakespeare (que urdiera personajes que ofrecían su alma, como limosna de tragedia) ante desolaciones crónicas, nos hacemos más amigos de la poesía de Discépolo, esa que entre otras cosas pregunta: “¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?” ante las feroces batallas del silencio, nos sentimos interpretados por los versos de Ricardo Nervi: “La Pampa es un viejo mar/ donde navega el silencio”, quizás porque a veces nosotros somos esa pampa, donde el silencio inicia su travesía cósmica, donde el silencio hace nido, donde le crecen las alas, donde empolla sus huevos, donde…donde…donde…

Los conquistadores de espíritus nos enseñan a sublevar nuestra mirada, a ver dónde está la auténtica riqueza:“¿Quién tiene tanta riqueza como la tiene el Tamayo? /Alguna vez tuvo pilchas y otras vez tuvo caballo” (José Larralde) Ellos nos dan las herramientas para que consigamos habitar el otro misterio de los hombres: “Hay gente que con solo dar la mano/ rompe la soledad, pone la mesa,/ sirve el puchero, coloca las guirnaldas;/ que con solo empuñar una guitarra/ hace una sinfonía de entrecasa.” (Hamlet Lima Quintana) Porque los conquistadores de espiritus, no se conforman con la hoja en blanco, o con el accidente del despertador y el legajo, ellos propician la búsqueda de la bebida que alivie la sed eterna de los mortales, son moradores en los ríos secretos de la pasión humana: “paseamos complicados sueños/ y naves que interrogan el abismo” (Jorge Calvetti) Porque ellos, los conquistadores de espíritus, revelan con su presencia la existencia desnuda, nos invitan a quitarnos el ropaje con que nos han condicionado la “cultura” y “educación” y nos proponen regresar al primer territorio del ángel: “Hoy vuelvo/ a la dulce memoria del ángel que fui un día/ a su inefable territorio…/a las palabras únicas/ que nunca escuché luego/ y creía olvidadas para siempre” (Aledo Luis Meloni) Los conquistadores de espíritus nos enseñan que las únicas banderas que valen la pena, son las del otoño: “El otoño perdía sus pañuelos/ cuando un lejano perfume de canela/ despertaba en tu sueño” (Manuel J. Castilla) Los conquistadores de espíritus, los que en tiempos de desesperación, nos indican el camino de la esperanza: “ y este camino no regresa nunca, va simplemente/ como la distancia/ hacia el carozo azul del horizonte/ donde me aguarda el hombre y su esperanza”(Armando Tejada Gómez)

Los conquistadores de espíritus, aquellos que nos prestan la brújula humana, los que nos reclaman que elevemos el otro corazón, hasta hacernos dueños de los cuadernos del horizonte: “Y por qué no buscar siempre/ lo que es parada en un camino,/ lo que hay de otoño en un verano, lo que hay de ardiente en lo más frío,/ lo que es sonrojo en unos labios,/ lo que es Recuerdo en el Olvido,/ lo que es pregunta en la respuesta,/ lo que es jadeo en un suspiro,/ lo que es vital de esa alegría,/ de esa tristeza en que vivimos.” (Elvio Romero)

Los conquistadores del espíritu, los que nos convocan a pelear por la Belleza, los que nos alientan a

nacer de nuevo en lo que hacemos, los que nos recuerdan todo lo que debemos olvidar, para comenzar a ser nuestro destino.

23 junio, 2011

Río Atuel: Río Robado, Río de la Sed por Pedro Patzer*

Archivado en: La Columna de Pedro Patzer — Etiquetas: , , — boletinfolkloreblog @ 21:50

“Cuando cortan el Atuel/ queda sin agua el Salado/ llenos de arena los ojos
va lagrimeando el pampeano” – escribió Manuel J. Castilla
Su nombre se parece a su destino, ya que Atuel, significa: “lamento” ¿Qué cosas lamentará este río nacido en Mendoza, este andariego de agua y sequía, que arrastra sólo penas hasta La Pampa? ¿Qué vejez de desierto, qué lamento que los poetas consiguen traducir?:”Así, desierta la tierra, / sola se nos va quedando; / los vientos por las jarillas/ sobre la sal van llorando”
El río Atuel, nace en las alturas de las cordillera de los Andes, conoce los cuadernos de la nieve y el huraño lunfardo de las piedras; río que es la tumba del cóndor y el nido de la leyenda, tal vez por eso los diques nunca pudieron contener su canto indígena, su destino de milonga, su necesidad de crecer hacia el amarillo de La Pampa, de crecer hacia aquel patio planetario, donde sus hijos le ofrecen sus plegarias de sed
Río Atuel, tu embrión de volcán hace rugir soledades ancestrales, tu ausencia a la cita de llanura, provoca desiertos en los que esperan; Atuel nacido en el vientre de la cordillera, hay quien te confunde con el esperma del continente, hay quién te cree la lágrima pérdida de la tragedia pampeana: “Río, nostálgico, río, /cerraron tu garganta/ te dejaron en agonía,/ poco a poco te secaron” – escribió la poeta Nilda Klundt, pues en la provincia de La Pampa, el Atuel, es el río de la sed, el río robado, la limosna de agua que al mendigo desierto le ofrece Mendoza, provincia que al desarrollar el riego artificial (casi desde principios de siglo XX) fue cortando el chorro, el fluir natural del Atuel. Esto produjo en La Pampa, un millón de hectáreas desertificadas
¿Qué habrá sido de aquel cartero de Algarrobo del Águila, que cruzaba en balsa el Atuel? ¿Cómo habrá sido ese día en que le robaron el río, habrá confundido al cielo con el Atuel, habrá pensado que el río jugaba a las escondidas, que el horizonte le hacía una broma, o tal vez que las bardas habían hecho una revolución tal que hubo derrocado al gobierno arenoso del Atuel?
Estirpes de pampeanos, vivieron, sabiéndose parte del linaje de la sed, inmóviles ante el fantasma del río Atuel, resistieron, aprendieron el milagro de los jagüeles, acudieron a los secretos ríos subterráneos, le rezaron al Cristo de los sedientos, a la virgen de la sequía, al santo pagano de las gargantas secas
“¡Saladito, Saladito! astillas de mi caldén; el que siembra en las arenas, se va muriendo de sed…” La desesperación convierte la copla en plegaria, la canción deja de cantarse y comienza a masticarse, como si se le intentara extraer agua, ya que el centro-oeste pampeano se fue secando, mientras Mendoza prosperaba.
Al no llegar más el Atuel, la vida comenzó a exiliarse, el éxodo del verde y los animales iniciaron los rituales de soledades, el desierto comenzó a crecer, el pan del hambre se multiplicó, la copa de sed se hizo de todos, el amarillo le fue ganando al paisaje, la sal se hizo protagonista del fantasma del río, los bañados se dieron a la fuga, los puesteros fueron vencidos por la sequía
En 1973, a causa de una crecida excepcional, regresó el Atuel… reapareció el río robado. Traía consigo la edad de los sedientos, el antiguo ropaje de lo que hasta entonces había sido desierto, el Atuel había regresado con ganas de dibujar otras líneas, traía consigo caprichos de otros cauces, como pájaro que una vez liberado de la jaula, pretende emborracharse de cielos, así, reapareció el río, buscando, matreramente, su destino. Sin embargo, fue sólo una visita, como si este río hubiese tenido la insolencia de ser un mero turista en el paisaje herido de un pueblo.
Un día el Atuel regresará definitivamente a La Pampa, y el cancionero de la sed callará sus viejos himnos, y el verde volverá con sus criaturas, y la vida de nuevo acudirá a la cita que hace más de medio siglo tiene pendiente, allí, en el oeste del amarillo, en los futuros jardines de lo que hasta hoy es desierto

17 junio, 2011

“Cuando tenga la Tierra” por Pedro Patzer

Archivado en: La Columna de Pedro Patzer — Etiquetas: , — boletinfolkloreblog @ 16:55

“Cuando tenga la tierra/ Sembraré las palabras/ Que mi padre Martín Fierro/Puso al viento” –escribió Ariel Petrocelli

La palabra Tierra es tan importante para la humanidad como lo es pan. Ambas remiten a lo material, sin embargo las dos se han transformado en símbolos espirituales del hombre: quizás el pan sea el Ser de la Tierra, la calavera con que el Hamlet de trigo, recita su monólogo inmortal, y tal vez la tierra sea el teatro de la humanidad, el coliseo de pasiones donde la Historia acumula comedias y tragedias o donde las comedias y tragedias acumulan historias.

“Cuando tenga la tierra/ La tendrán los que luchan/Los maestros, los hacheros,

Los obreros”

En cada Carnaval, en el noroeste, se desentierra y se vuelve a enterrar el diablo: tal vez sea el zupay la semilla pagana que crece, hasta invadir los corazones de los siempre poseídos por el carnaval, quizás la tierra alimente al diablo con sus banquetes secretos, con sus manjares ancestrales, aquellos, que a veces, los mineros, se atreven a saborear, aquel menú de muerte y petróleo, de hueso y mineral, de socavón y alarido de piedra

“Cuando tenga la tierra/ Te lo juro semilla/ Que la vida/ Será un dulce racimo

Y en el mar de las uvas/ Nuestro vino/Cantaré, Cantaré”

¿Cuántos sembradores mediaron entre nuestra tierra y su cosecha? ¿Cuántos alfareros consiguieron desnudarla hasta su erotismo de vasija? ¿Cuántas ofrendas a la Pachamama alimentaron su vientre? ¿Cuántos vinos conquistaron su alarido de barro y sal? ¿Cuántas lluvias se apropiaron de las huellas de los errantes, de los colores que los siglos tallaron en la flor y en el cerro?

“Cuando tenga la tierra/ Le daré a las estrellas/ Astronautas de trigales/ Luna nueva”

Antes que los nombres y las religiones, estaba la tierra. Antes que los amos y los esclavos, estaba la tierra; antes que nuestros silencios y nuestras canciones, estaba la tierra. La tierra estaba de antes, diría Tejada sin equivocarse, porque la tierra es el taller del primer río que moldeó la lágrima humana; la tierra es el atelier donde el ancestral pintor de los volcanes, concibió los colores de la aurora norteña; la tierra es la sinfonía inmóvil, del inmortal músico de los vientos.

“Cuando tenga la tierra/ Formaré con los grillos/ Una orquesta donde canten

los que piensan”

¿Será la tierra la escuela de los mineros, el club de los huesos viejos del mundo, el destino irremediable del último abrazo del hombre?

“Campesino, cuando tenga la tierra/ Sucederá en el mundo/ El corazón de mi mundo/ Desde atrás, de todo el olvido/ Secaré con mis lágrimas/ Todo el horror de la lástima/ Y por fin te veré, campesino/ Campesino, campesino, campesino Dueño de mirar la noche/ En qué nos acostamos/Para hacer los hijos”

El que jamás cante, el cancionero de su tierra, siempre será un extranjero en las melodías del salitre; el que jamás calle, los silencios de su tierra, siempre será un forastero de la palabra de azufre, porque uno es de la tierra donde ha sembrado a sus muertos, porque uno es de la tierra donde ha cosechado los secreto del vivir, porque uno es de la tierra, a la que María Elena Walsh le compuso una serenata: “Porque el idioma de infancia/ es un secreto entre los dos./ porque le diste reparo/ al desarraigo de mi corazón”

10 junio, 2011

El Horizonte por Pedro Patzer*

Archivado en: Artistas, La Columna de Pedro Patzer — Etiquetas: , , — boletinfolkloreblog @ 21:51

“Con un horizonte abierto,/ que siempre está más allá,/ y esa fuerza pa’ buscarlo / con tesón y voluntad./Cuando parece más cerca/ es cuando se aleja más” – escribió Atahualpa Yupanqui

Horizonte: obrero del misterio, artesano de ese lugar donde un no sé qué termina, dónde un qué se yo comienza

¿Qué habrá pensado Dios (o todo eso que llamamos Dios), al crear el horizonte? ¿De qué material estará conformado: tendrá un poco de desasosiego humano y un poco de distracción divina? ¿Estará hecho el horizonte de los secretos de los ausentes, madurarán en él, los frutos de los árboles tumbados? ¿Acaso el horizonte, tiene como ingrediente las preguntas que un “naide” le hace al viento?

“¡Todo es cielo y horizonte/ En inmenso campo verde!” – cantó Martín Fierro, inaugurando una idea infinita, pues el náufrago de mar tiene faro, sin embargo el náufrago de tierra sólo tiene el horizonte. Así, muchos artistas de llanuras, urdieron el manifiesto del horizonte: “No le cierre la tranquera/ al dueño del horizonte/ me dije olfateando el monte/ con resto de primavera/ no le adjudique trinchera/ que naides quiere esconderse/ y alcanza con no moverse/ pa andar una vida entera/ al dueño del horizonte/no le cierre la tranquera.” (José Larralde) o el Mensual de Campo, de otro prócer de llanura, Alberto Merlo: “En qué potrero lejano se prolongará su marcha/ abajo dureza de escarcha, o trebolar de verano;/ tras qué ternero orejano o rastro de yeguarizo/ en el pangaré mestizo, o el malacara lunanco/ irá recorriendo al tranco el horizonte rojizo.” Y por qué no un poema del folklorista de la llanura urbana, Jorge Luis Borges: “El primer organito salvaba el horizonte/ con su achacoso porte, su habanera y su gringo”

¿Cuánta memoria mapuche, cuántos silencios de quebracho y ombú, cuántos cielos de Toba custodian el horizonte? ¿De qué misteriosa alcoba planetaria, traerá el día el horizonte? ¿Será la línea del horizonte, la raya que la criatura del destino traza con su lápiz de milenios y crepúsculos?

Horizonte que a veces parece la gran alcancía del cielo, que a menudo administra los secretos del más allá, que cada tanto permite que el Zonda se desnude en su misterio, que cada tanto accede a que la Sudestada se vista con su ropaje gris, porque el horizonte, ante todo es una provocación, el pan de lo que vendrá, la nostalgia de mañana que ilumina el camino, el misterioso teatro donde lo que fuimos y seremos, representa el drama que lo somos.

Folklore Bueno o Malo por Pedro Patzer*

Archivado en: La Columna de Pedro Patzer — Etiquetas: , — boletinfolkloreblog @ 21:34

Entre carteles que rezan “Open” “Exit” o “Push”; entre películas donde el musculoso norteamericano salva al mundo de los terroristas colombianos, entre bombas tomahawk y un premio nobel de la paz que manda a matar; entre todo estas cosas, lo que nos ayuda a defender nuestra identidad es el folklore.

Muchos asocian la idea de folklore con el grito de: ¡Patria!, nosotros creemos que folklore es algo más, que el folklore es el espejo auténtico, el que recupera el gesto íntimo del pueblo. Folklore es las pintadas en los camiones, esa sabiduría breve y anónima, en las que se pueden hallar temáticas argentinas, tópicos como la madre: “Lo mejor que hizo mi vieja es el pibe que maneja” o “Por el Viejo lo tengo… por la Vieja lo doy!” Por supuesto que entre estas inscripciones folklóricas de los camiones, no faltan las machistas: “Señora… ¿está su cocina tan limpia como esto?” o “Su hija sufre y llora por este Negro, señora” o “Soñaba con Caperucita y me casé con el lobo”

Es importante destacar que existe un folklore bueno y un folklore malo, porque él retrata lo que genera el pueblo. Se equivocan los que creen que el folklore está hecho sólo de elementos buenos, él, se parece a nosotros, y también está colmado de defectos: si el pueblo es machista, el folklore expresará elementos machistas; si el pueblo es supersticioso, el folklore reflejará sus supersticiones. Esto no significa que si el folklore es malo, no representa los valores de la nación, todo lo contrario, si el folklore refleja nuestros defectos, será que el folklore es el espejo en el que debemos mirarnos para evolucionar, el folklore no es lo que debemos ser, el folklore es lo que somos.

Entre muchos que nos enseñan a pensar inglés (que en vez de llamar a un pibe Juan, lo llamemos Axl y así terminamos diciendo Falkland Islands en lugar de Islas Malvinas) y entre otros que se deleitan contemplando la arquitectura francesa de la avenida Alvear, creyendo que somos los más europeos de Sudamérica (los mismos que jamás ingresaron a una casa chorizo y no saben queé significa una tapera) entre el acecho de estos, tenemos al folklore para que nos ayude a comprender nuestra auténtica identidad.

Decíamos que por ser folklórico, no garantizamos que sea bueno, y que existe un folklore malo, un folklore que también refleja nuestras debilidades. Por eso, entre otras tantas cosas, el folklore no puede negar la infidelidad, ¿acaso quién no ha sabido de cuernos? De hecho en los pueblos y en los barrios de Buenos Aires, no falta el cornudo y el pata e´lana: ¿Cómo el folklore no iba a retratarlo? “Yo soy como un angelito/ que no sabe diablura/ pero sé entrar en las casas/ salir por la cerradura.// “Juancito me llamo yo/ zorro me dice mi vecina/ cada vez que esta solita/ ya está lista tu gallina.”/// “Anima que andas penando/ detrás de este suceso/ mi marido está en la cama/ olvidé colgar el hueso.” (Mariana Carrizo, bagualera salteña)

Hay remedios gauchos, curas de campo, que pueden producir serios problemas de salud, no sabemos cuán conveniente es darle a una parturienta, en grave estado, una infusión de pluma de avestruz tostada o a un asmático, en pleno ataque, un cigarrillo con hojas secas de chamico. Es decir, no por ser folklórico, significa que sea bueno

En tiempos en los que para cada cosa tenemos un “password”, y ante todo debemos hacer doble “click”, y las horas tienden a volverse efímeras como nos enseña el “zapping”, tenemos el folklore como fuente donde abrevar, como espacio donde encontrar nuestra verdadera identidad: nuestro profundo silencio, nuestro hondo canto, nuestro auténtico tiempo

Pero como venimos reflexionando, el folklore no sólo está hecho de cosas buenas, como algunos tradicionalistas intentan concluir, nuestro folklore también está conformado de elementos malos. Rescatemos algunas coplas populares basadas en prejuicios, coplas que de alguna manera ilustran, de forma arbitraria, la identidad de los diversos habitantes de las provincias.

Que el salteño dice:

Si el sábado tengo plata

el domingo me la tomo,

el lunes duermo la siesta

y el martes ya pongo el lomo.

Que el catamarqueño dice:

Trabajar, ay, no me gusta,

a flojo, nadie me iguala;

para cantar la vidala

soy como tejido a pala.

Que el tucumano le dice al santiagueño:

Por los campos tucumanos

llevan preso a un santiagueño

porque ha encontrado bozal

antes que lo pierda el dueño.

Y El santiagueño responde:

Santiagueño soy señores,

de Santiago del Estero;

más vale ser santiagueño

que tucumano cuatrero.

No por folklórico, algo se transforma en bueno, incluso nuestro poema nacional, Martín Fierro, específicamente, en los consejos del Viejo Vizcacha, contiene ideas que son repudiables, como aquella tan poco solidaria: “Jamás llegués a parar/ Ande veas perros flacos” o esa que celebra la corrupción: “Hacete amigo del Juez/ No le dés de qué quejarse/ Y cuando quiera enojarse/ Vos te debés encojer,/ Pues siempre es güeno tener Palenque ande ir a rascarse”. O la machista que advierte: “Es un bicho la mujer/ Que yo aquí no lo destapo/ Siempre quiere al hombre guapo/ Mas fijate en la elección/ Porque tiene el corazón/ Como barriga de sapo”.

¿Por qué estas consideraciones acerca del folklore malo?. Tal vez porque la madre de todas las zonceras, aquella que rezaba: civilización y barbarie, hizo que la alta cultura, de algún modo tuviera vergüenza por los hechos folklóricos, por las expresiones auténticas de la Argentina profunda, mientras se ocupaba de imitar las modas artísticas de París. Y de esta manera, se nos ha educado, inconscientemente, en la vergüenza por lo nuestro y eso, de algún modo, nos ha llevado a hacer juicios morales sobre el folklore, a obligarnos a asociarlo con la patria y lo bueno, sin darnos el permiso de abrazarlo en su verdadera dimensión, sin otorgarnos la oportunidad de utilizarlo como una herramienta para comprender la vida y sus heridas, para interpretar por qué cuando se desprecia a alguien, se dice: “ese es un negro…” ¿de dónde proviene eso? Del folklore malo ¿Acaso qué ha pasado con los negros en nuestro país? De hecho, el propio Martín Fierro mata a un negro.

Es decir, llegó el tiempo de que comprendamos que el folklore es una herramienta para interpretar el mundo, la vida, y todas las cosas que nos acontecen, las buenas y las malas. Folklore para indagar el origen del cuento del tío; folklore para reflexionar de dónde surgió aquello de “la viveza criolla”; folklore para advertir qué tipo de construcciones albergan a la vinchucas, las que transmiten el mal de Chagas; folklore para entender que la mirada infinita de un hombre de llanura es distinta a la de un vallista, que siempre siente la orfandad de horizontes; folklore para resolver nuestros dolores, folklore para comprendernos y ser, definitivamente libres

Tema Shocking Blue Green. Blog de WordPress.com.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.