La guitarrista tucumana presenta su primer disco “Mayu”, el viernes 7de abril en Café Vinilo. Juan Falú, Liliana Herrero y Lilian Saba -en la direccion musical- formaron parte de este trabajo de gran nivel.
“Bettina vive la música como si fuese su propia alma, dice Juan Falú desde el papel que envuelve el disco “Mayu”.
Bettina Brobowicky pone en esa voz quechua que significa “río”, el curso por dónde van las canciones que contienen su primer trabajo en estudio. Es el devenir de la música y la poesía, que como el río, viaja por “inesperadas travesías”.
“El proceso que se fue dando naturalmente. Primero estuvieron las composiciones y después me surgió la necesidad de juntarlas y grabarlas en un disco. Es cierto que ya tenía grabados algunos temas en un disco de la Carrera de Folklore y Tango de Conservatorio Manuel de Falla, un disco hermoso donde los alumnos plasmamos nuestro aprendizaje a lo largo de la carrera. “, cuenta esta guitarrista nacida en Monteros, Tucumán y egresada del Conservatorio. Fue alumna de Walter Malossetti y de Juan Falú, parte del ensamble “El Guitarrazo”, y del festival Guitarras del Mundo. Su etapa de compositora vio sus frutos en este disco, donde participan algunos invitados que fueron parte del camino: Juan Falú, Lilian Herrero y Lilian Saba en la dirección musical. Lo presentará el próximo domingo 7 de abril en Café Vinilo, (Gorriti 3780).
Que preparás para el concierto del 7 de abril en Café Vinilo y que otros proyectos/presentaciones hay para este año?
BB: -En este concierto voy a presentar el disco. Me acompañarán casi todos los músicos que participaron en la grabación, lo cual me da una inmensa alegría. Para este año tengo pensado seguir presentando el disco “Mayu”. Paralelamente estoy en un dúo de guitarras con Aida Pachila tocando arreglos de música instrumental argentina y algunas canciones, presentando nuestro trabajo en distintos escenarios.
“Mayu” cuenta con 12 temas. Participan Liliana Herrero, en la guarania “Arrullo”, y Juan Falú en “Una mujer es la zamba”. Están los instrumentales “La Mal llamada” (chacarera trunca), “Terciopelo”, “Trapecio” (ambos valses), la zamba “En sombras” y el tango “Otra vez”. A la hora de componer, la melancolía se asocia con la ternura y la poesía, tan simple como sentida como la de “Retazos”: Ojos nuevos ya vencidos/ de tanto penar olvido; o sinceras “Antes era el corsé y el taco aguja/ ahora es el bisturí y para qué/ para qué este achurarse/ si en seguida se oye en la esquina/ que buena esta esa vieja; de la milonga “El espejo”. Completan el disco “El amor y la pena”, “Vidalita”, “Una Vidala” y “Mayu” como apertura acompañada por el violín de Irene Cadario.
¿Cómo llega cada artista invitado a participar del disco?
BB: -Casi todos los artistas fueron mis profesores, se me ocurrió proponerles si querían participar de mi proyecto, y tuve la inmensa fortuna de que me dijeran que sí.
¿Qué aporte te dio Lilian Saba en cuanto a la dirección musical?
BB: -El aporte de Lilián Saba es fundamental en este disco. Ella me ayudó muchísimo con la corrección de los arreglos, la dirección musical en general y artística. Estuvo en todos los detalles con su exquisita delicadeza y sabiduría.
¿Y el de Juan Falú en algunos arreglos?
BB: -Juan Falú Es mi gran maestro. Es un gran referente y me ha ayudado muchísimo a lo largo de toda la carrera. Nuestro curso tuvo la suerte de que nos acompañe cuatro años consecutivos enseñándonos todo lo que fuera posible con una generosidad inigualable. El me orientó en casi todos los arreglos y también con las letras. Le estoy muy agradecida.
Qué experiencias se generaron a través del conservatorio?
BB: -Yo formé parte del primer grupo de ingresantes a la Carrera, y fue una experiencia maravillosa. Fuimos muy mimados y los maestros tenían todo el tiempo disponible para nosotros. Me refiero a Juan Falú, Carlos Moscardini, Roberto Calvo, Lilián Saba, Marcelo Chiodi, Juan Quintero entre otros.
Además mis compañeros de año ya venían con mucho bagaje y experiencia musical, con lo cual, cada encuentro era muy enriquecedor. Y por supuesto, muy divertido. La carrera funcionaba en la calle Perú, estábamos en un edificio muy antiguo, hermoso y austero, que nos invitaba todo el tiempo a ser creativos desde lo musical hasta lo más doméstico.
En este tiempo muchos artistas se han animado a generar trabajos instrumentales de buen nivel, muchas veces enfocados en un sólo instrumento. Lo ves como una necesidad de generar una alternativa al ruido de las bandas? ¿O una nueva etapa en el arte?
BB: -No sé si es una nueva etapa en el arte. Es cierto que en estos tiempos lo sutil, lo tranquilo, el silencio, lo suave, o delicado, vaya a saber por qué no interesa. Pero no interesa al mercado. La introspección no interesa, se está más enfocado en la euforia. Es una lástima que se pierda esta dimensión de la intimidad, del encuentro, que queda solamente para un círculo bastante reducido de gente que puede disfrutar y compartir esta estética y forma de ver y hacer música y por ende de vivir. El arte siempre apunta a abrir un surco y a querer decir algo. A veces con mucho ruido hay pocas nueces como dice el refrán. Y al hablar bajito, o hacer música instrumental o como solista es un intento de hacerse oír, para hacerlo, hay que tener mucho coraje.



