El Blog del Boletín

9 febrero, 2015

Tercera noche de la Fiesta Nacional Valle del Sol. Una noche redonda

Foto: Marshula Santa Eulalia

Foto: Marshula Santa Eulalia

Por Paola Gayol,  Fotos: Marshula Santa Eulalia

El sábado prometía ser una de esas noches largas. Estaban programados, además de los números locales, tres nacionales y se había anunciado que volverían a tocar “a pedido de la gente” Los Queñuas

Sin embargo y a pesar de los pronósticos, la jornada comenzó a horario (21.30 en punto) y no hubo demasiada demora en la programación, que tuvo de todo y para todos los gustos, y para destacar, propuestas interesantes y artistas talentosos, lo que hizo que el público disfrutara y acompañara masivamente toda la noche.

Luego de la apertura, el grupo de danzas Imágenes, merecido ganador del pre festival en su rubro, dio una lección de belleza: conciliaron en el escenario tambores, danza, violines y fotos. Una puesta creativa y única.

Fue entonces el turno del ex integrante de Los Nombradores, Juan Carlos Cruceño, quien reside en Merlo desde hace 25 años. Este músico siempre pone la  nota de simpatía y picardía en el festival. Querido por todos, desplegó un cuidado y agradable repertorio tradicional.

En la edición 2014, Gino Cardarelli ganó el pre festival en su categoría. Y este año tuvo la alegría que lo volvieran a invitar a ser parte de la grilla oficial. El joven merlino no sólo canta, sino que además toca guitarra y flauta traversa. Acompañado de sus dos músicos le imprimió un aire renovado y fresco al cancionero popular.

La noche empezaba a tomar color y emoción luego del recitado obligado del poeta Antonio Esteban Agüero por Ernesto Funes. Y fue el momento de los legendarios Los 4 de Córdoba. Durante casi una hora, los cordobeses, quienes están celebrando sus 45 años con la música, dieron cátedra de cómo se puede ser tradicional y no sonar “a viejo”.  Verdaderos artistas: íntegros, prolijos, simpáticos. Se llevaron la ovación y el cariño de la gente.

Cerca de la medianoche comienza la habitual entrega del premio “Sol de Oro”. Este trofeo, una hermosura esculpida en madera por el gran escultor Juan Carlos Ortega, se da todos los años a personalidades que han sido destacadas por su aporte a la cultura en la Villa de Merlo. En esta ocasión fue entregada al senador Adolfo Rodríguez Saa por ser el autor del proyecto de la Universidad Nacional de los Comechingones, aprobado en 2014 por el Congreso de la Nación.

Luego de la entrega (el senador  no estaba presente así que lo recibió una comitiva en su nombre), se realizó un homenaje sentido a Antonio Esteban Agüero, ya que el 7 de febrero es el aniversario de su nacimiento.

El cierre del homenaje estuvo a cargo del músico Luis Ocampo, que sorprendió a todos con su original, moderna y potente versión de La Mazamorra, poema de Agüero, musicalizado hace años por Peteco Carabajal. Luego, Ocampo continuó con un show contundente que incluyó versiones con “proyección folklórica” de temas de diferentes géneros (rock, folklore) muy personal y demostrando los años de estudio, profesión y talento.

El regreso al escenario de los consagrados Los Queñua volvió a vestir de carnaval la jornada. Repitieron el set del día jueves y el público bailó, cantó y los despidió con tal ovación que debieron volver a cantar un tema más.

El tiempo de la danza llegó de la mano del Ballet Antonio Esteban Agüero y luego el grupo Arambaleba, quienes transitan los escenarios de la provincia desde hace muchos años (y se les nota el profesionalismo, los ensayos y el buen gusto en su propuesta) dejó la “pista caliente” para Mariana Cayón. La aerofonista salteña invitó a “hacer un viaje imaginario hacia distintas regiones de Latinoamérica con la música”. Su propuesta efectista y efectiva encantó al público merlino que la aplaudió de pie.

Mientras se esperaba el número central de la noche, El Salta y los Changos dieron una lección de cómo hacer música festivalera sin caer “en lo de siempre”. El músico tiene un estilo propio que hace bailar, cantar y divertir a quien se le ponga adelante. El predio empezó a levantar polvareda. Y terminó de levantarla cuando cerca de las 4 comienza la fiesta del violinero de la mano del virtuosísimo Néstor Garnica.

El santiagueño ya es local en Merlo, ésta es la cuarta vez que se presenta en este festival. La gente conoce su repertorio, lo quiere y, siendo Merlo una ciudad con muchísimos bailarines (dice un dicho popular que “en Merlo levantás una piedra y sale un bailarín”), es el lugar indicado para hacer “chispas” su violín, haciendo zapatear y bailotear a todo el mundo hasta bastante pasadas las 5 de la mañana.

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