El Blog del Boletín

7 abril, 2015

Lidia Borda: “Elegí cantar para saber quién soy”

Borda Lidia

Foto: prensa LB

 por Gustavo Grosso, especial para BF

La intérprete, que recorre, con su voz diferentes estilos y géneros musicales con naturalidad y profunda emotividad siempre despierta elogiosos comentarios y el apreciado respeto de sus colegas. Se presenta el 24 de abril en el Festival Mestiza de Buenos Aires

Admirada por el público y la crítica, quienes la consideran una cantante de culto y la mejor voz femenina surgida en las últimas décadas, Lidia Borda siempre despierta elogiosos comentarios y el apreciado respeto de sus colegas. De gran versatilidad, es una intérprete capaz de abordar diferentes estilos y géneros musicales con naturalidad y profunda emotividad. Si bien se ha dedicado al tango de manera casi exclusiva, Lidia incorpora a su repertorio piezas valiosas de distintos orígenes musicales. Su estética tiene un sentido conceptual, en tanto cada abordaje de sus recitales o discos forman parte de un camino y un discurso detrás de los cuales hay un pensamiento sobre las emociones humanas, sobres la existencia. Acompañada cada vez por músicos y arregladores de excelencia, con quienes establece un diálogo profundo que se traduce en búsquedas sonoras acordes a dicho concepto, sus presentaciones sintetizan también en ese aspecto su manera de sentir y de ser.

Su apellido está identificado ciento por ciento con la música ¿Por qué eligió cantar como forma de vida? ¿Qué es cantar? 

Lidia Borda: –Elegí cantar porque desde siempre sentí que era lo que mejor podía hacer, y que además de la materia prima, tenía algo más, que de chica no sabía definir, algo así como sentir que era un destino, un mandato, un discurso encerrado que debía decir, algo liberador. Aunque de niña no sabía definirlo de esa manera porque cantar entonces me producía un placer indecible, sobre todo en soledad, ante los otros me daba mucho pudor. Hasta los 20 más o menos, no tuve claro que quería y podía hacer del canto una profesión, un trabajo, un medio de vida. Bah!, esto último lo supe mucho después. Soy una persona con poca capacidad de proyección! (risas) Pero cantar es para mí, como ser escritora, o pintora. Todo lo que tengo para decir busco decirlo a través del canto. Siempre hay un discurso en lo que canto. Para mí, tener un buen repertorio me permite armar un entramado discursivo, un argumento, que define en el fondo quién soy yo. Y por eso mismo creo que elegí cantar. Para, en definitiva, saber quién soy.

Por una cuestión generacional, vivió a pleno la música de Los Beatles, Luis Alberto Spinetta, (dijo también que escuchaba mucho a Manal) ¿Por qué el tango? ¿Cómo llegó?

LB: –Mi madre escuchaba tango más que nada, y también mucho folklore y música romántica, Pedro Vargas, Elvira Ríos, Javier Solís, Nat King Cole… Los Panchos!. Y en la casa de mi padre lo mismo, él vivía con la familia de mi tía, su hermana, eran varios, y todos escuchaban tango más que nada. Es una música que incorporé naturalmente desde que nací. También había cuarteto y cumbia colombiana. Pero fueron mis dos hermanos, que son mayores que yo, los que introdujeron en casa otras músicas, el rock, jazz, la canción internacional, incluso algo de música clásica. Por eso empecé a identificarme también con algo de eso. Y más tarde, bastante más tarde, busqué yo misma escuchar otras cosas. Pero el tango quedó muy arraigado. Muchas veces digo que es una relación difícil, porque suele ser de amor-odio, a veces siento que no me da lo que necesito y otras creo que es la más sabia de las músicas. Pero me pasa, a nivel generacional, que siento que el discurso del tango no supo adaptarse. Sigue teniendo una manera antigua, por eso lo rechacé durante la adolescencia. Es la manera, muchas veces, lo que creo que lo aleja de la elección de la gente más joven a nivel más masivo. Hubo un momento en el que había que decir cosas que el tango calló, y eso creo que fue algo que lo dejó demorado. En cambio ese discurso lo tomó el rock. Incluso el folclore. El tango terminaba siendo funcional a quienes había que enfrentar. Y yo entonces, era muy joven, pero necesitaba protestar, enfrentarme al enemigo con un discurso musical, y eso lo encontraba en otros lados, en otras músicas, menos en el tango. Más tarde descubrí que hay otras maneras de “bajar línea”, de decir cosas, pero en ese momento, la urgencia y la desesperación pedían más compromiso y el tango no lo asumió. Creo que sí estuvo presente, toda la desgracia social, en la melancolía de Piazzolla por ejemplo, o en las melodías troileanas, aún sin haberlo hecho a conciencia esas músicas nos relataban y nos ayudaban a vivir también. Pero en la poesía del tango no siento que se pudiera encontrar eso mismo entonces.

¿Cómo se elige un tango? 

LB: –Es cada vez más difícil para mí encontrar el repertorio. Y era lo más fácil de niña. Entonces cantaba lo que sonaba en mi mente, en mis oídos. No me preguntaba, no cuestionaba. Cantaba, cantaba y cantaba. Todo servía para alegrar mi garganta. Después, uno va haciendo una selección más refinada, en el sentido de, como dije antes, ir encontrando qué decir y a través de qué. No es que haya un argumento lineal, pero sí una coherencia estilística, estética, e incluso ideológica en el fondo. Pero siempre hay un llamado emotivo que respeto absolutamente, que es irracional, por suerte, y que me lleva por buen camino siempre.

¿Cuáles fueron los sonidos de su infancia? ¿Qué imágenes le generan? 

LB: –Los sonidos de mi infancia en relación a lo musical, eran los que mencioné anteriormente, incluso algunos discos infantiles. Cuando yo era chica no se usaba, al menos en las familias de clase baja, o media baja, tener una discoteca demasiado poblada, cosa que ahora es más usual. Había cuatro o cinco discos de cada género, y eso era todo porque el complemento era la radio. De allí sacaba mucho material para aprender. Las melodías y las letras se iban grabando en mi cabeza casi sin darme cuenta. Y luego iba por la vida cantando canciones de la radio. ¡Jajaja! Pero había otros sonidos, claro, las voces queridas, ¡el fútbol en la radio los domingos!, ¡Héctor Larea!, los vendedores ambulantes, el botellero, los gritos de mis amigos corriendo y jugando, los llantos, las risas, todo servía para alimentar la memoria emotivo-auditiva!

¿Qué se logra construir a través de la música, del arte? 

LB: –A través del arte, en mi caso la música, uno construye muchas cosas. A veces sin darse cuenta. Construye la vida misma, la propia realidad, la identidad, la percepción del mundo es un relato sonoro creado a través de las canciones que elegimos escuchar y reproducir, recrear. Yo estoy habituada a la música, es algo cotidiano que abarca casi todos los aspectos de mi vida, por eso, cuando uno se encuentra con gente que no la tiene como algo habitual, de la vida diaria, se sorprende y no entiende. A través de la música que escucha una sociedad, uno puede definir cómo es esa sociedad, cómo construye sus creencias, su ideología, sus valores, su identidad colectiva también. La música, el arte, son una manera de interpretar la realidad, pero también de leer esa realidad a través de las manifestaciones artísticas de los pueblos. ¡Toda la vida tiene música!

¿Existe un crecimiento en el tango en los últimos años? 

LB: –Es una pregunta que me hacen y me hago constantemente y la verdad es que no tengo una respuesta clara. Lo que digo últimamente y lo que siento es que hay un intento de retomar el lenguaje del tango tradicional y construir a partir de eso una nueva identidad tanguera. Las nuevas formaciones musicales (de los últimos 10, 15 años) así lo muestran. Con mayor o menor suerte todos estamos en un momento de reconstrucción del género, creo. Y entiendo que eso se condice con una realidad un poco más amplia en que la estamos desde hace unos cuantos años ya, intentando reconstruirnos socialmente. Los movimientos, los terremotos sociales han dejado fragmentos que vamos recogiendo de a poco, los vamos ensamblando y construyendo cosas nuevas también a partir de los escombros. Pero el tango tiene, por suerte, una raíz muy noble, de grandes protagonistas de antaño, de los que hay, todavía, mucho que aprender.

 

¿Qué le dice la imagen y la voz de Carlos Gardel?

 

LB: –Gardel es para mí, en el canto, un capítulo aparte. Porque es un pionero, es un creador de verdad, un inventor, un alquimista. Metió en la olla los elementos de los que disponía y creó una manera totalmente original. Nadie (y cuando digo esto, digo en realidad que él, Gardel, fue el que resumió a todos los de su época) sabía entonces cómo se cantaba el tango. Ni él mismo. Sus grabaciones del año 12, creo yo, son como una especie de “mantras” camperos, despojadas y misteriosas. Pero ahí había parte de la esencia de lo que luego fue el canto del tango. Por eso escucharlo es escuchar la propia raíz. Y como dije alguna vez, es tan rico su cantar, tan prolífico, tan variado, tan inagotable, que yo no sé si cada día canta mejor, pero sí sé que cada día canta distinto.

En pocos días compartirá una noche musical con Dulce Pontes ¿Cómo vive la previa al Mestiza Música Festival? 

LB: –El Festival Mestiza me ha producido mucha alegría, y mucho entusiasmo también. Me gustó el haber sido convocada a un festival de género abierto. Es difícil que se produzcan festivales con tanta amplitud de género y que incorporen el tango. Habitualmente son de tango, o de folklore, o de músicas “del mundo”, pero en estos últimos es raro que incorporen el tango. No sé por qué. Me da la sensación de que existe un prejuicio. Espero que eso se vaya modificando. El tango tiene mucho aporte para hacer a las músicas del mundo, y mucho que abrevar de ellas también, fuera del ámbito estrictamente tanguero. Por eso me gustó la propuesta. Todas las músicas populares tienen algún punto de contacto, aunque más no sea compartir la propia extracción social. El fado y el tango también comparten eso, aunque tanto Dulce como yo no seamos abanderadas puristas de los géneros que interpretamos. Pero entre sí son géneros que comparten elementos esenciales. Son proletarios, surgieron de necesidades populares, y también fueron funcionales a los gobiernos de turno, a las dictaduras, sufrieron desgaste y desprestigio en algunos momentos, tuvieron épocas doradas y hoy ambos tratan de reconciliarse generacionalmente con los jóvenes. Por eso es que a partir de ellos se buscan nuevos lenguajes, subyacentes, o paralelos. Hay que amigar entre sí a las músicas de raíz popular, ¡tienen mucho para decirnos!

¿Cuál es el arte de su oficio? 

LB: –Y nuestro oficio, el de cantor, cantora, se trata de eso, de interpretar, de develar, de contar, de narrar nuestra propia realidad, nuestra vida individual y colectiva a través de un lenguaje tan hermoso y tan rico como es el de las canciones. Las canciones guardan algo importantísimo e histórico. Protagonizan, crean, y transmiten a través de los tiempos, de diferentes maneras, generacionalmente y muchas veces de memoria, lo que en definitiva, es la memoria y la historia de cada pueblo.

¿Cómo es el mundo que habita Lidia Borda?

LB: –Mi mundo es la vida cotidiana en constante diálogo con mi vida interior y lo que intenta ser un proceso creativo, como dije antes, una manera de decirme, de contarme, de mostrarme a mí misma y a los demás a través del canto.

Sobre el Festival Mestiza Buenos Aires

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