El Blog del Boletín

14 enero, 2016

Sexta y séptima noche en Jesús María Tradición y vanguardia

Filed under: Festivales, Uncategorized — Etiquetas: , , — Pao De Senzi @ 16:01

 

abel

Foto: Prensa Festival JM

El Chaqueño Palavecino el martes y Abel Pintos el miércoles confirmaron que los festivales de folklore pueden ser eclécticos musicalmente, aunque no menos multitudinarios

Decía Yupanqui, que nada es superior al destino del canto. Y si hay un destino para el canto en los festivales hoy día, ese es, ciertamente el de vender entradas. Y probablemente, muchas veces quede por detrás el canto a la hora de pensar qué artistas son los más convocantes, para emparejar las noches de los festivales, que en 10 días no siempre mantienen una convocatoria satisfactoria.

Sin embargo –y por suerte- el canto que ofrecen ciertos artistas no deja de tener aquella autenticidad que don Ata mencionaba en sus coplas, aunque muchas veces no tenga nada que ver con el nombre del festival en el que se presentan.

El martes y el miércoles en Jesús María hubo dos casos  que podrían ponerse como ejemplo de la frase yupanquiana, parecidos y diferentes. Parecidos, porque en número de entradas vendidas, la convocatoria fue excelente. El Chaqueño Palavecino el martes con 11 mil entradas vendidas y Abel Pintos el miércoles con 18 mil, fueron –hasta el momento- junto con Los Tekis, los mayores vendedores de entradas de la edición 51º. Sin embargo, difieren en la segunda cuestión, que es la de representar con su arte el nombre de un festival que de por sí, refiere a tradición: doma y folklore.

Entonces los debates se ponen a la orden del día, más que nada si se lo considera a Abel Pintos como parte fundamental de las grillas festivaleras. ¿Hace folklore?; ¿hacia qué estilo derivó el canto del artista nacido en Bahía Blanca?

Pintos no sólo está en su mejor momento artístico (con su voz aceitada, afinada, expresiva, su carisma intacto, una banda excelente que lo acompaña y una puesta en escena austera pero impecable); también es el mayor vendedor de entradas de los últimos dos o tres años. En su presentación en Jesús  María, cerca de la una de la mañana del miércoles, un segmento con “Ojos de Cielo” de Víctor Heredia, “Para Cantar he nacido”, de Bebe Ponti y Horacio Banegas, y “Cuando llegue el Alba” de Belloso y Figueroa lo devolvió al folklore que mamó de chico y que lo vio crecer en los festivales. Después, el repertorio cambió hacia composiciones propias, más ligadas al rock, mas al pop, con algunas chispas spinetteanas en su voz, su estilo y sus movimientos en escena. La platea, en su mayoría femenina, que a primera hora de la tarde ya ocupaba las butacas, aplaudió cada tema y suspiró ante cada palabra de Abel, que se llevó los aplausos de todos al cabo, entrada la madrugada.

Si Pintos ha evolucionado y se ha reinventado en cada disco y en cada temporada, El Chaqueño, por su parte sigue manteniendo aquella imagen tradicional que lo vio nacer y crecer como ícono de la tradición folklórica en los festivales. Su clásico ingreso a caballo en un festival en el que ese animal es el protagonista junto con todo lo que tiene que ver con su imagen, su repertorio y su discurso, no hace más que afirmar que no sólo se parece, sino que se es.

Acompañado de sus músicos, Palavecino recorrió una larga selección de ritmos que van de la chacarera chaqueña hasta la zamba y el gato,  como si hubiera retomado su anterior profesión de chofer para llevar a su público de paseo por la música de nuestro país. Y como corolario de todo eso, un costillar al costado del escenario esperaba algún bache entre tema y tema para ser convidado a los de las primeras filas de la platea, mientras la madrugada comenzaba a meterse en el anfiteatro José Hernández.

Martes y miércoles fueron días en que hubo también algunos momentos para recordar en Jesús María. El dúo Orellana – Lucca, que por primera vez se presentan en el festival desplegó las canciones de su último disco, Hermanos, un trabajo en donde recorren composiciones propias, algo interesante en un festival donde la mayoría de las propuestas llegan con  los clásicos y la repetición hasta el hartazgo de éstos. Confirmando aquellos de que el público está ávido de escuchar también nuevas canciones, los santiagueños se fueron ovacionados en su primera vez en el festival. Fabricio Rodríguez, el miércoles, posicionó su presencia en un festival que ya lo ha consagrado; el martes, Leandro Lovato consiguió algo parecido, mientras que el miércoles, justo antes de la actuación de Abel Pintos, Destino San Javier, herederos del trío creador del himno del Festival se llevaron los aplausos, emocionaron invitando a uno de sus integrantes históricos- y se llevaron los suspiros de las chicas.

La sexta y séptima noche del Festival de Doma y Folklore cerraron con dos propuestas diferentes y parecidas. La diferencia la marcó la capacidad de reinventarse, -aún contra la corriente- de un artista, y en el mismo sentido, la de mantener intacta la esencia en el otro. Lo parecido tiene que ver con la manera que tiene cada uno de convencer a su público, y eso es algo que no debería jamás pasarse por alto a la hora de dedicarles unas líneas en los medios.

Pao De Senzi

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