El Blog del Boletín

2 febrero, 2016

Cosquín cerró su edición 56º con un balance positivo. Las nueve lunas que trajeron al duende

Filed under: Festivales, Uncategorized — Etiquetas: , — Pao De Senzi @ 15:39
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Foto: Marcelo Jara

Un nuevo festival mayor de folklore llegó a su fin con momentos memorables y buena respuesta de la gente. Una edición que tendrá su continuidad a lo largo del año con distintas actividades en la capital del folklore.

Llegó a su fin una nueva edición del festival mayor del folklore. Parece lejano aquel sábado 23 de enero cuando la voz de Claudio Juárez puso en marcha con el Aquí Cosquín, el motor que  las nueve lunas de la edición 56ª. Detrás quedaron muchos momentos para recordar y la certeza de que algunas cosas van cambiando a fuerza de encontrar la manera de poner a Cosquín en el lugar que se merece un festival de estas características.

La consigna de esta edición era buscar al duende que se había perdido en los últimos años, causa de malas gestiones y abrumadoras circunstancias políticas que dejaron el espíritu – y el bolsillo- del festival por el suelo. Había que dar un vuelta de tuerca y la comisión, comandada por el intendente Musso (que no se despegó un solo momento de la plaza,  participando en cada acto protocolar e informal) y por un equipo de programadores dirigido por Damián Torletti, se puso al hombro un festival que se hace desde lo local y se refleja internacionalmente.

Los que se destacaron

Con mucho aún para corregir y reflexionar, la nueva edición entregó algunas noches memorables, como la primera, con Juan Falú, Liliana Herero, José Luis Aguirre, Raly Barrionuevo y Jaime Torres, y la octava, elegida como la noche de los nuevos cantautores, con Coqui Ortiz, Ramiro González, Coplanacu, Rubén Patagonia, Arbolito, Bruno Arias y Palabración de la tierra (Iñaki, Murúa, Bernal, Aguirre), un muestrario de lo que se dice y se canta hoy día en el país; la noche de Soledad Pastorutti, el martes 26 de enero, donde el escenario Atahualpa Yupaqui recibió más de veinte artistas –incluidos Jorge Rojas y Abel Pintos, que no fueron parte de esta edición-, que llegaron para celebrar el cumpleaños de La Sole, frente a una plaza repleta. La misma que estuvo en igual condición en la última luna, esta vez para disfrutar de lo más clásico del folklore con Los 4 de Córdoba, Los Manseros, Opus Cuatro, Vitillo Ábalos, Los 4 de Salta, Por Siempre Tucu y Las Voces de Orán, además de Los Huayra entre otros. También hubo lunas en las que, si bien los números artísticos brillaron, no llegaron a superar ni artísticamente ni en público a las anteriores, siendo la más floja la del viernes 29 de enero.

Un detalle importante de esta edición, fue que una vez más quedó claro quienes dejaron de ser taquilleros a la hora de cerrar cada noche del festival (algo similar ocurrió en Jesús María). Está claro que el Chaqueño Palavecino y Los Nocheros,  ya no son los artistas para quienes la multitud desborda en las taquillas y los festivales. Palavecino se presentó en una noche en la que dieron mucho más que hablar artistas como La Bruja  Salguero o Mariano Luque, nuevos valores que traen consigo –además del canto, la novedad de elegir a nuevos autores o componer, como el caso de Luque-, mientras que el salteño –si bien presentó a Germán Fratancángelli, acordeonista de Berisso que quizá para el salteño sea un nuevo valor pero que hace varios años viene participando del circuito del folklore y los festivales-  viene haciendo lo mismo sobre el escenario desde hace mucho tiempo, más allá de ser un representante del estilo más más tradicional. En el caso de Los Nocheros, la lluvia copiosa que cayó sobre Cosquin para su actuación no funcionó como excusa para las escasas 2500 plateas que quedaron ocupadas a la hora en que subieron. El recuerdo de noches bajo lluvias torrenciales con la plaza llena con los cuatro cantando, echa por la borda cualquier excusa de los salteños antes la caída de protagonismo.

Por otro lado, en la apertura de esa noche Sergio Galleguillo entregó su fiesta chayera de “riojanidad” y demagogia, una cuestión que muchas veces no puede manejar bien y lo hace quedar mal parado no sólo frente  los que sin fanatismo, simplemente siguen su carrera, sino también a sus propios colegas. El riojano dijo que con él había empezado el festival en la tercera luna, refiriéndose a lo aburrido de las noches previas. “El festival comenzó este día en el que llegue yo”, sentenció sobre el escenario Galleguillo, quien luego en conferencia de prensa pidió disculpas, recordando que el día anterior había estado también su amigo Luciano Pereyra, sin solucionar demasiado su metida de pata.

Además de los  mencionados, hubo otros artistas que entregaron momentos interesantes y para recordar en esta edición: Horacio Banegas,  en su regreso al festival y en la noche de La Sole,  se puso la apertura de la cuarta luna al hombro, mientras que en la misma medida los Che Joven levantaron en alto el canto con compromiso, invitando a otros de los que tienen cosas para decir desde el sur: Rubén Patagonia (también protagonista de la penúltima luna con un set memorable y emotivo), y Fran Lanfré. En Milena Salamanca y Laura Ros se reflejó el talento y el buen gusto para interpretar y componer respectivamente, mientras que algunos clásicos brillaron con luz propia en cada noche: Raúl Barboza, Peteco Carabajal (a pesar de los problemas con el sonido y la polémica), Tomás Lipán, Suna Rocha con Los Pacheco, el Homenaje al Maestro Ariel Ramírez por Juan Carlos Cambas y Ángela Irene con Jaime Torres, Yamila Cafrune y Facundo Ramírez y Los Carabajal, entre otros.   

Para bailar

El baile (que tuvo su espacio en el patio del festival, a la izquierda del escenario) se desató con La Callejera, consagrados en el 2015 y celebrados en la apertura del jueves 28; Los Tekis, que cerraron la noche del miércoles y Los Coplanacu, que recordaron 30 años de carrera presentando su mítica peña sobre el escenario Atahualpa Yupanqui con Mariana Carrizo, los Hermanos Herrera, Franco Luciani y el “negro” Jorge Valdivia  de invitados. Los Copla se llevaron una respuesta emotiva de una plaza que se llenó a medida que avanzaba la noche. El Ballet Folklórico Nacional dirigido por Omar Fiordelmondo le puso la cuota de lujo y prestigio a la apertura en tres noches y luego en cuadros que homenajearon a El Chúcaro y Norma Viola

Las delegaciones con ideas nuevas

La Delegación de Santa Fe demostró que se puede innovar en el rubro (las delegaciones suelen ser el número bisagra del festival presentando siempre cuadros de baile, o extensas presentaciones teatrales) entregando dos puntas artísticas representativas de la provincia, lo más popular con Los Palmeras y a Jorge Fandermole como representante de la histórica trova. Otra que se destacó fue la Delegación de Tucumán, con un puñado de cantores de aquella provincia, como La Yunta, Coqui y Claudio Sosa, que interpretaron a los autores tucumanos.

Consagrados y revelaciones

El dúo Orellana-Lucca resultó consagrado entre algunos que andaban dando vueltas bajo el halo del premio que entrega el festival al destacado de cada edición (José Luis Aguirre era uno de los que más sonaban). No muchas veces un consagrado es puesto bajo la luz de todo un público que está de acuerdo con el elegido, y en esta edición la decisión tuvo aceptación en todos lados. Con más de 15 años en el camino, revelación de peñas allá por el 2000, este dúo de santiagueños son buenos compositores miembros de la nueva camada de artistas de calidad musical y compositiva. Por su parte, Los hermanos faldenses de Huaucke, se llevaron el premio revelación, mientras que Jaime Torres recibió el Camin del Festival por su trayectoria.

La conducción, impecable

Otro punto aparte es para los conductores del festival, Claudio Juárez,  Nathalie Allende y Pablo Bauhoffer , todos locales, lejos de aquellos que en los últimos años buscaban más protagonismo que los artistas, llegando a rayar el ridículo. Esta vez el festival tuvo a tres profesionales que llevaron rigurosamente y con altura el relato de lo que sucedía sobre el escenario. También invitaron cada noche a una dama cantora para acompañarlos: Yamila Cafrune, Suna Rocha, Milena Salamanca, Viviana Pozzebón  y Paola Bernal, entre otras.

La comisión, atenta.

Es para destacar el impulso y el aire nuevo que la comisión le dio al festival gracias a la inclusión de nuevos valores, compositores que tienen cosas para decir y talentosos intérpretes que suena en estos tiempos constantemente, y que nunca han tenido oportunidad sobre el escenario, merced a comisiones que primereaban el aplauso fácil a la voz de “las palmas, la palmas”. Y tuvo suerte. En mayor o menor medida, el público respondió comprando su entrada, y cada noche tuvo un promedio de un 70 por ciento de ocupación en la plaza. Fue ua apuesta que tuvo como primera medida escuchar las críticas, los planteos, las opiniones a favor y en contra y aplicarlos al desarrollo del festival.

En cuanto a lo institucional, una nueva manera de encarar el festival fue más que positiva. Es destacable decir que el movimiento detrás del escenario fue sin histerias, respetuoso, con grillas cortas y la extensión de los tiempos en el escenario (incluso para los Pre Cosquín). La tranquilidad, la predisposición, el respeto y la buena onda que irradió todo el tiempo ésta  comisión redundó en una mejor calidad de trabajo para la prensa que cubre el festival, y todos los que trabajan en él.

Más allá de las polémicas de cada edición -esta vez disparada desde los que no estuvieron, o los que pretenden un festival vacío de contenido y atento solamente a las palmas y el baile-, Cosquín encontró un camino cierto para seguir, con falencias económicas, pero con la certeza de que algunas cosas ha cambiado para bien. Una buena idea de la comisión actual por caso, es seguir durante todo el año con actividades culturales en la villa, de manera de convertirla en punto de encuentro del folklore, y mantener todo el año la llama encendida. Veremos qué cosas les depara el destino.

La última noche

Con los Manseros Santiagueños como punto de encuentro de los números del domingo –fue en el final invitando a todos los que pasaron por el escenario-, Cosquín cerró un festival cuya esencia se manifestó desde los compositores, los intérpretes, desde los jóvenes y también desde los clásicos. Una lista de nombres que han hecho historia en el festival engalanó la última jornada, con un regreso destacado como el de Carlos Pino, y un Vitillo Ábalos que irradió juventud con sus 93 años. El número cuatro fue el leimotiv de la noche: Los 4 de Salta, Los 4 de Córdoba, Por siempre Tucu, Opus Cuatro y Las Voces de Orán, le pusieron música a una multitud que colmó la Próspero Molina y terminaron cantando junto a todos aquella chacarera que también es un clásico de todos los tiempos: la “Chakay Manta”.

Premios

‪Consagración Dúo Orellana Lucca
Camin Jaime Torres, recibido por Crist
Escenarios callejeros Yoel Hernández
Menciones Cristian Capurelli y Flor Carmona
Revelación
Pareja de baile tradicional Marcela Cruz-Sergio Flores (Salta)
Dúo Vocal Duo Huaucke

Pao De Senzi

 

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