El Blog del Boletín

12 octubre, 2016

Entrevista: Julio Azcano presenta Distancias “Tenía ganas de volver a grabar en Argentina”

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julioazcanoPor Gustavo Grosso

El domingo 16 de octubre, el guitarrista radicado en Suiza presenta su disco en Café vinilo junto a Juan Pablo Navarro y Quique Sinesi.

Estableciendo puentes entre la tradición musical argentina, la música clásica y el jazz, el guitarrista marplatense radicado en Suiza Julio Azcano ocupa un lugar de privilegio entre los guitarristas de la nueva generación participando de prestigiosos festivales en Europa, Asia y América. Su álbum Distancias presenta un revolucionario repertorio de piezas para guitarra clásica, con espacios de improvisación, que la célebre revista alemana Akustik Gitarre recientemente elogió como “ensoñadoramente hermosas” y “al nivel de los solos de piano de Keith Jarret”. Este domingo, Julio se presenta en Café vinilo de Buenos Aires, al contrabajista Juan Pablo Navarro. Antes conversó con Boletín Folklore.

¿Cómo recordás tu primer vínculo con la guitarra?

Julio Ascano: -En los 80 en Mar del Plata. Mis viejos compraron una guitarra con la tapa toda naranja, como los jugos en polvo de esa época y me mandaron junto con mi hermana a un profesor cerca de mi casa. Tuve mucha suerte porque di con un pedagogo muy competente que además de entusiasmarme por el repertorio clásico me enseñó a improvisar y lo integró de manera tan natural que no fui consciente de esa dicotomía entre el músico “clásico” y el “improvisador” hasta mucho después. Cuando todavía estábamos en la primaria nos dirigía en un ensamble con el cual dábamos pequeños conciertos en escuelas, sociedades de fomento y cosas así. Ahí tocábamos principalmente guitarra pero también percusión, teníamos un profe aparte para eso, cantábamos y todo eso se conectaba con la lecto-escritura, repertorios de diferentes estilos. Fuimos internalizando formas, ritmos, estilos y además disfrutando el hecho de compartir la música. A eso de los 12 años la enseñanza fue más individual, pero igualmente preparando también dúos. Recuerdo temas de Baden Powell que tocamos en un par de radios, había partes arregladas pero las introducciones y los solos eran improvisados. Para los 15 me regalaron una guitarra eléctrica, a partir seguí por unos años en forma autodidacta, armé una banda de rock. Y luego decidí entrar al conservatorio, hacer la carrera de guitarra clásica y paralelamente estudiar jazz.

Tu disco Distancias está logrando el reconocimiento de los grandes medios especializados en música ¿Cómo fue la gestación de este trabajo musical? ¿Qué camino te propusiste a la hora de grabar Distancias?

JA: –Tenía ganas de volver a grabar en Argentina. Desde el 2004 al 2014 todas mis grabaciones se hicieron en Europa: las canciones de Astor Piazzolla para el álbum que sacó el sello Sólo Música de Sony en Alemania, otro álbum con mi trío de jazz que fue producido por la radio suiza, otro grabado en un estudio fabuloso en Praga con el Eos Guitar Quartet, registros en vivo con Leo Brouwer dirigiéndonos con la orquesta de Winterthur, etcétera. Y si bien fueron todas experiencias fantásticas de las que aprendí muchísimo, tenía ganas ver qué pasaba si volvía a grabar tranquilo en Mar del Plata. Tomándome un mate en las pausas, cenando con mi familia luego de cada día de grabación. El plan fue grabar cosas mías y de otros compositores improvisando algunas secciones, sin presión de tiempo y luego elegir lo que valía la pena. Esa parte fue muy linda, las sesiones eran como pequeños conciertos cada tarde para algunos amigos en un estudio muy lindo. El ingeniero de grabación trabajó bárbaro y el equipamiento del estudio era de primera. Pero luego, cuando ya decidí que el material daba para sacar un álbum y la cuestión se puso más seria – ahora la historia era producir un disco que esté al nivel de los otros trabajos que había hecho por acá – se complicó.

La improvisación y la capacidad asombrosa de arreglar las cosas en el momento de Argentina empezó a jugar en contra, porque el estar todo el tiempo resolviendo problemas del momento comenzó a complicar la visión más general del proyecto. Decidí entonces mandarle el material a amigos y colegas que tienen muchos más años de experiencia que yo. Las primeras mezclas fueron pasando por mis colegas del Eos Guitar Quartet y otros amigos como Quique Sinesi y Pino Marrone. Pino, como muchas otras veces ya en mi vida me dio un patadón para que no afloje en cuanto a lograr la mejor calidad posible y tuvo la amabilidad de escuchar muchísimo el material y hasta cotejar sus impresiones con amigos con todavía más años en el tema de post-producción y mastering como Aníbal Kerpel. Todos los consejos y pareceres que me fueron acercando me hicieron entender mucho mejor lo que funcionaba y lo que no funcionaba y a ponerle palabras a lo que estaba buscando a nivel de sonido. Una vez que la intención estuvo clara lo contacté a Ron Kurz. Es uno de los ingenieros más respetados de Suiza pero empezó su carrera musical como estudiante de guitarra clásica. Ya nos conocíamos porque había hecho el mastering de mi disco Ayres junto al músico turco Taylan Arikan y yo intuí que enseguida le iba a encontrar la vuelta. Lo llamé al celular, pensando que estaba en Zürich, y le llené la cabeza explicándole detalles de audio, de cómo había grabado, de qué micrófonos usé. Luego de como 5 minutos el tipo me interrumpió y amablemente me explicó que en ese momento estaba en el medio del outback australiano, que se había tomado un año sabático y que en realidad no estaba trabajando. Pero tenía un recuerdo positivo de Ayres así que me propuso que le mande el material y me prometió que, si llegaba algún lugar con internet, se bajaba un par de piezas y lo tenía en cuenta. Sonó como que tenía que buscarme otro ingeniero. Pero a la semana recibí un email de Ron estilo telegrama: “me encanta, lo quiero hacer. El 9 de Febrero vuelvo a Suiza, tengo que acomodarme un poco luego de un año afuera, pero el 14 de Febrero reservé el estudio para hacer tu mastering”. El 15 de febrero me mandó el master hecho. Estaba perfecto. Y a eso se sumó el trabajo de fotografía de Gustavo Frittegotto que con su Proyecto Intemperie hace años que trabaja sobre el paisaje pampeano junto a arquitectos y urbanistas. Esto fue dando ese balance entre la libertad y el espíritu de trabajo en conjunto que extrañaba de Argentina y la precisión y profesionalidad que disfruto tanto en Europa.

¿Qué músicos te acompañarán en tu presentación en Café Vinilo?

JA: –Cuatro grandes amigos, que también han tenido recorridos que integran la música clásica, el jazz y la música argentina y con los que tengo diferentes proyectos en dúo: el contrabajista Juan Pablo Navarro, el guitarrista Quique Sinesi, el guitarrista Sebastián Zambrana y el bandoneonista Gabriel Rivano.

Además, estarás en el Festival Guitarras del Mundo ¿Qué relevancia ha logrado este encuentro de músicos desde su creación?

JA: –Tuve la suerte de participar en festivales y encuentros de guitarra en diferentes países, pero Guitarras del Mundo es algo muy especial. Propone un diálogo estilístico y ha dado siempre un lugar especial a los guitarristas que desarrollan un lenguaje propio, más allá del género que toquen. Lo percibo como un punto de referencia para ubicar a Argentina dentro del panorama guitarrístico actual, siendo el festival de guitarras más grande del mundo, y como un movimiento que ha influenciado muchísimo a la escena guitarrística argentina. Toqué por primera vez en el año 2000 y Juan Falú me sigue invitando con regularidad así que cada vez, además de ser un gran honor participar, se produce un reencuentro con colegas y amigos que aprecio muchísimo.

¿Por qué sos músico?

JA: –Descubrí que no puedo vivir sin tocar. Con 17 años viajé a un intercambio en Sicilia y luego me quedé viajando por Europa. Apenas tenía dinero pero comía lo menos posible y me las iba arreglando para viajar de ciudad en ciudad y conocer. En Amsterdam caí en el albergue más barato que encontré, un lugar bastante denso, con 30 camas por habitación y vi que afuera estaba un grupito de skinheads alrededor de una guitarra. Me dieron semejantes ganas de tocar que ni razoné mucho la situación y les pedí en mi inglés rudimentario si me dejaban tocar algo. Los tipos habrán pensado que estaba loco, pero me pasaron la guitarra. Ahí se terminó cualquier plan de que la música sea sólo un pasatiempo. Volví a Argentina y desde ahí no he pasado nunca más de unas dos o tres semanas sin tocar. El resto ha sido ir dándole, con los años, un marco a esas ganas de tocar y aprender: completando los diplomas necesarios para acreditar esos conocimientos y enseñar, dando conciertos, grabando y demás. Cosas que son la forma que por un lado protegen ese espacio sagrado que paso día a día con el instrumento y a la vez posibilitan un intercambio positivo con el resto de la sociedad.

Elegiste vivir en Suiza hace ya varios años ¿Qué te significa profesionalmente vivir allí, y qué añoras de tu Mar del Plata natal?

JA: –Lucerna es muy tranquila y hermosa, rodeada de naturaleza y al mismo tiempo muy bien conectada con el resto de Suiza y Europa. Eso me da el espacio para combinar muy bien mi rutina de estudio diaria con los ensayos, conciertos y giras. Todas las semanas tengo algún ensayo o concierto en Zürich, Basilea, Berna y puedo volver a casa en apenas una hora. A su vez que el sistema funcione tan perfectamente te permite planear a largo plazo y realizar muchas actividades. Tener un ensayo en la mañana en Zürich, dar una clase en la tarde en Lucerna y luego un concierto en Basel en la noche y volver a casa para al otro día tomar un avión a algún lado. Y desde ya las bibliotecas, museos, escuelas, etcétera. Todo tiene una infraestructura y un muy buen nivel. Y dentro de mi historia personal, vivir aquí me dio la oportunidad de estudiar con tipos como Kurt Rosenwinkel y participar de proyectos con músicos de todo el mundo, integrar otros idiomas en mi trabajo, por lo tanto nueva literatura, metodologías, o simplemente puntos de vista. Y el día a día en de repente me encuentro en situaciones como estar tocando con el Eos Guitar Quartet y tenerlo a Leo Brouwer dirigiéndome ahí enfrente, o compartiendo un concierto junto a Pablo Márquez en Laussane o por salir al escenario en Ginebra para tocar un bis con Dino Saluzzi, saber que el tipo que te está diciendo “grabando” es el tipo que hizo todos los discos de Keith Jarret o que el violinista con que toco en dúo tiene el violín que perteneció a Yehudi Menuhin y cosas así. De Mar del Plata extraño desde ya a mi familia, y esa cuestión de estar tocando durante horas en la casa de mis viejos, totalmente dedicado al sonido, sin que haya ninguna agenda, ni aeropuertos, ni otra cosa en la cabeza. Y el mar.

¿Qué le aconsejás a un chico que quiere estudiar guitarra?

JA: –Que priorice por sobre todo el hacer profundamente música. Comprometiéndose con eso y pasando tiempo con el instrumento va a ir encontrando las preguntas que realmente le sirven. Y a los maestros que tengan las ganas de responderlas y proponer las próximas.

¿Escuchás mucha música? ¿Qué autores han sido referentes en tu carrera?

JA: -Sí. Mucha, por eso es difícil resumirlo. En mi adolescencia escuché mucho jazz-rock y blues (Jeff Beck, Scott Henderson, BB King, John Lee Hooker, Hendrix, Manal, Pappo) y por supuesto a Paco de Lucía y a John McLaughlin. Luego me fasciné con Charlie Parker, Dexter Gordon (vi con 14 años la película Round Midnight y me mató). Luego Miles, Coltrane, Bill Evans. Descubrí después a Ralph Towner – del que tengo todos sus discos y todavía no puedo creer que pronto editemos un álbum con una obra que Ralph nos dedicó con el Eos Guitar Quartet – y soy fan de ECM: Egberto Gismonti, Keith Jarret, Anouar Brahem, John Abercrombie… También escuché y escucho mucha clásica. En el teléfono tengo siempre las suites de cello y laúd, las suites y partitas para violín de Bach, sus variaciones Goldberg. Y piezas para clavecín de Scarlatti, Rameau. Los cuartetos de Beethoven los sigo escuchando seguido, sus sinfonías, el concierto para violín, las sonatas para piano y desde ya Bartok, Stravinsky, Mahler, Satie, Ravel, Debussy, Scriabin, Ligeti. Me gustan mucho también las obras del período de «Freie Atonalität» de Schoenberg. La obertura de “Matías el Pintor” de Hindemith la escuché muchísimo desde mi adolescencia a punto tal de que en mi luna de miel nos tomamos un día para ir a Colmar y ver las pinturas de Matthias Grunewald, quien inspiró esa obra. Estudié composición en la universidad de Zürich con Kaspar Ewald y aprendí mucho de sus trabajos polimétricos y escuché y analicé en su clase muchas obras contemporáneas Y desde ya como guitarrista clásico fui aprendiendo de los maestros del repertorio guitarrístico: desde De Narváez, Mudarra y John Downland pasando por Weiss, Murcia y hasta Sor, Giuliani, Tárrega y Villa-Lobos, Brouwer. En Lucerna tengo un puesto como profesor de guitarra clásica así que permanentemente sigo leyendo piezas y tocando esa música para, independientemente de mis repertorios de concierto. También escucho mucho a oud y saz, me encanta Erdal Erzincan y tengo muchos CDs de música que fui comprando en el norte de África, Turquía, Grecia. Pero pienso que lo que más me influenció fue el compartir con gente como Quique Sinesi, Juan Falú, Sebastián Zambrana, Carlé Costa, Jorge Armani, Daniel Corzo, el Negro Aguirre, Nora Buschmann. Muchas tardes charlando en la casa de Pino Marrone, él me hizo escuchar a Lenny Breau del que transcribí varias cosas y Gene Bertoncini y me pasó los libros de Sid Jacobs. Con Sid estuve tocando en dúo y me motivó muchísimo. Otros guitarristas que me ha inspirado muchísimo son Dusan Bogdanovic, un músico serbio que conocí gracias a las excelentes interpretaciones mi maestro Eduardo Isaac. Roland Dyens tuve el gusto de reencontrarlo en diferentes ocasiones y compartir escenarios en los últimos años y se ha vuelto una gran inspiración para mí. Y desde ya amigos Juan Pablo Navarro y Javier Girotto. Las ganas de tocar con ellos me hacen agarrar las guitarras todas las mañanas. Y como marplatense desde ya Astor Piazzolla. Tengo su foto siempre donde estudio, mirándome fijo cada vez que me agarra un ataque de vagancia…

Julio presentará su disco solista “Distancias”, secundado por el contrabajista Juan Pablo Navarro, el domingo 16 de octubre a las 21 en Café Vinilo, Gorriti 3780, CABA. Localidades a $160 en venta en boletería o a través de www.cafevinilo.com.ar. Artista invitados: Quique Sinesi y Gabriel Rivano.

 

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